El cerro Pecul es un refugio natural que protege bosques nubosos, especies amenazadas y fuentes hídricas vitales para el Pacífico guatemalteco, por lo que distintas autoridades impulsan acciones para prevenir incendios y recuperar áreas dañadas.
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El cerro Pecul, también conocido como volcán Santo Tomás, es un baluarte ecológico en el suroccidente del país, situado en el límite entre los departamentos de Quetzaltenango, Suchitepéquez y Sololá.
Además de ser un emblemático elemento que aporta armonía al paisaje, es referente de biodiversidad y una fuente hídrica vital que sostiene la vida del Pacífico.

El cerro está cubierto por densos bosques nubosos, considerados uno de los ecosistemas más frágiles y escasos de la región.
Este entorno funciona como un refugio para especies endémicas y amenazadas; su flora incluye una variedad de orquídeas, bromelias y helechos arborescentes que dependen de la humedad constante.
El Pecul es un hábitat esencial para el quetzal (Pharomachrus mocinno) y para el pavo de cacho (Oreophasis derianus), una especie en grave peligro de extinción cuya supervivencia está ligada a la preservación de los picos volcánicos.

La pérdida de cobertura forestal en esta zona no es solo un daño local, sino un peligro directo a la herencia genética natural del país.
Los bosques capturan la humedad de las nubes, transformándola en agua que alimenta los caudales de ríos esenciales para la agricultura; además, la protección de este cerro garantiza la estabilidad del ciclo hidrológico, lo que previene la erosión del suelo y mitiga inundaciones en las partes bajas.
Protección ambiental
Debido a la importancia del cerro Pecul, distintas instituciones coordinan acciones de prevención y respuesta, no solo en este sitio, sino en lugares aledaños, para enfrentar la temporada de incendios forestales, ya que cualquier siniestro en esas alturas tiene efectos en cadena hacia las cuencas bajas.
"La protección de estos espacios es fundamental por el valor ecológico que representan", expresó Gustavo Morales, delegado de Protección Forestal de la Región 9 del Instituto Nacional de Bosques.

La urgencia de estas acciones es fundamental dado los trágicos eventos ocurridos entre febrero y marzo de 2024, cuando el volcán Santo Tomás Pecul fue azotado por incendios que dejaron más de 200 hectáreas dañadas.
Este hecho afectó gravemente la estructura del suelo y la conectividad del bosque, lo que marca un punto de inflexión para las autoridades ambientales.

Ante esto, las autoridades han planificado una serie de recorridos de verificación técnica para evaluar el estado actual de las rondas cortafuego; además, se analizará el nivel de regeneración natural de la montaña tras el fuego.
Los especialistas buscan constatar si el ecosistema está recuperando su capacidad de resiliencia o si requiere intervenciones humanas adicionales.
Sin embargo, el pilar más importante para estos casos es la conciencia social; por lo tanto, las autoridades hacen un llamado a los pobladores para que se involucren en las actividades de prevención, porque los siniestros no solo destruyen la flora y fauna, también afectan el suministro de agua y la seguridad de sus comunidades.
La conservación del cerro Pecul no solo beneficia a quienes viven en sus alrededores, sino también a comunidades agrícolas del Pacífico.




