La fe se renueva cada cuarto fin de semana de Cuaresma. Explora el recorrido procesional de una imagen que destaca por su rostro doliente y cuerpo acongojado.
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Cada año, el recorrido de Jesús Nazareno de Chitay congrega el Martes Santo a cientos de fieles en la iglesia El Calvario, donde permanece en velación rodeado de oraciones, flores y el aroma inconfundible del tradicional atol de pelotas.
La historia de esta imagen se remonta a finales de la década de 1960, cuando un imponente cedro crecía en la vivienda de Narciso Chitay.
De aquel árbol nació la inspiración: cortarlo para mandar a tallar una imagen de Jesús Nazareno en La Antigua Guatemala, cuna de imagineros.

Según cuentan los mayores de la comunidad, la madera sobrante también se utilizó para tallar una imagen de San Pedro.
Tiempo después, sin querer, la tragedia marcó el destino de esta pieza religiosa. Tras el devastador terremoto del 4 de febrero de 1976, la familia Chitay tomó una decisión que cambiaría la historia de la comunidad: donar la imagen a la Iglesia para su conservación y para que todos los fieles pudieran venerarla.
José Hilario Tum, integrante de la hermandad encargada del cuidado de la imagen, compartió que cada Lunes Santo se hace una procesión hacia la parroquia de San Martín de Tours, y el Martes Santo se lleva a cabo la velación en la iglesia El Calvario.

"Por estas razones, el pueblo la conoce como Jesús de Chitay, en honor a la familia que la regaló para su veneración en la iglesia", explicó.
En tiempos recientes, estas actividades se llevan a cabo el cuarto sábado y el cuarto domingo de Cuaresma.
La imagen se distingue por su rostro doliente y su cuerpo acongojado, una expresión que conecta profundamente con la espiritualidad de los feligreses.
Sabores
Durante la velación del Martes Santo, cientos de devotos no solo acuden a rendir homenaje, sino también a compartir una tradición culinaria que ya es parte esencial de la celebración: el atol de pelotas.
Esta bebida, elaborada a base de maíz, panela, canela y otros ingredientes secretos que cada familia guarda celosamente, es compartida entre los asistentes mientras las oraciones y los cantos llenan el recinto sagrado.
El calor del atol contrasta con el fresco de la noche y el ambiente de recogimiento que envuelve la velación.
La historia del Jesús de Nazareno de Chitay es un testimonio vivo de cómo la fe, la naturaleza y la generosidad de una familia pueden entrelazarse para crear una de las tradiciones más entrañables de la Semana Santa en Guatemala.

Cuanto empezó con un cedro, un terremoto y la devoción de un pueblo se conjuga cada Martes Santo en San Martín Jilotepeque, donde la imagen sigue convocando, año tras año, a cientos de corazones que encuentran en su mirada doliente un motivo para seguir creyendo.





