La casa de la enfermera María Torero, de 45 años, es hospital y hospicio de 175 gatos con leucemia felina que desde hace años deambulan por los mercados de la capital de Perú, donde el estado no tiene dinero para tratarlos.
Torero es madre de tres hijos pero para ella los felinos son tan importantes como sus pequeños. A pesar de tener las los brazos llenos de arañazos por las inyecciones, su principal objetivo es darles "calidad de vida" en el tiempo que les quede.
Fellini, Peppa, Dolly, Misterio y Vampirín, son algunos de los cientos de gatos que ha recogido. "Cada uno tiene una personalidad distinta", dice, pero todos sufren de leucemia felina, un retrovirus que es mortal para los gatos.
María cuenta que le han sugerido que los sacrifique y se concentre en cuidar gatos sanos.
"Esa no es mi función, soy enfermera, mi deber está con los gatos que no importan a nadie", comenta.
Lo que más falta hace es Roferon, un medicamento contra la leucemia, explica.




