Los guatemaltecos estamos atravesando una crisis a raíz de la llegada del Covid-19 y con ello, hemos aprendido a vivir con ciertas medidas preventivas en medio de esta “nueva normalidad”, la cual nos invita a quedarnos en casa.
Y en este encierro, nos ha tocado reinventarnos y descubrir nuevas formas de compartir en familia, trabajar desde casa, cocinar e incluso, replantear nuestros hábitos de consumo al iniciar con la siembra y producción de nuestros alimentos por medio de sistemas como los huertos.

Esto último es un proyecto que nos motiva a simplificar nuestra vida, tratar de salir lo menos posible a la calle, aprovechar el tiempo de cuarentena, comer saludable, y de manera responsable al sembrar alimentos libres de pesticidas.
El huerto familiar es un espacio productivo dentro de la casa, donde se pueden cultivar alimentos como hortalizas, verduras, plantas medicinales y árboles frutales.
Estas prácticas han sido heredadas por los ancestros, logrando que en la actualidad permanezcan como parte de la vida de los pueblos originarios y que debido a la situación actual, nos veamos en la necesidad de llevar a nuestros hogares.

Este sistema que nos conecta con la naturaleza y con la vida misma, puede proveer parte de los alimentos que diariamente necesita la familia.
Además, nos cuestiona la forma en la que estamos atravesando esta crisis, llenándonos de mucho aprendizaje a futuro.
Ayuda a la integración familiar, el trabajo en equipo, refuerza la paciencia y además, genera un ahorro económico significativo.

Sembrar y cosechar nuestros alimentos, trae consigo bienestar físico, mental y emocional, creando un impacto positivo en nuestra salud y en nuestro hogar.
Hablar de huertos es hablar de semillas, de vida y soberanía alimentaria, de las cuales existen una variedad increíble entre semillas nativas y criollas, por eso te invitamos a conocer más sobre Senacri Guatemala (Semillas Nativas y Criollas de Guatemala).

Este es un proyecto originario de Chichicastenango, El Quiché, que desde hace 11 años ha impulsado programas, talleres y cursos para incentivar las prácticas responsables de siembra y cosecha de alimentos.
Todo esto, a través de semillas nativas y criollas, es decir, que no han sido modificadas genéticamente, para su rescate, conservación y multiplicación a través de conocimientos ancestrales.
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