Con gafas oscuras, y traje de marca italiana Aldo Conti, color negro, incluido la camisa y zapatos, dirigió Marco Antonio el "Fantasma" Figueroa, su primer juego de esta segunda era con Comunicaciones. No pareció inmutarse en la alegría, sino hasta el final, pero en la preocupación el semblante fue otro.
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Para calmar los nervios o simplemente por puro gusto, un chicle. El chileno se persignó y empezó a masticar antes de un partido en el que estuvo parado los 90 minutos y los vivió como se debe, desde su área técnica, intocable, porque cuando un directivo rival la cruzó, reclamó y pidió que no lo volviera a hacer.
El "Fantasma" siente, observa, instruye y hace caso omiso a la euforia. En cada gol de los suyos, lejos de entrar en celebraciones pomposas, estuvo sereno, mantuvo la calma, ni siquiera levantó los brazos, como sabiendo que el futbol es tan impredecible y el juego "no se acaba hasta que se acaba".
Se aisló y más bien demostró que le gusta corregir o mejorar sobre la marcha. En cada tanto llamó a un jugador para indicar o sugerir, aunque también hubo momentos para las bromas, tal vez para maquillar alguna queja con el cuarto árbitro, de manera que por momentos hasta abandonó su zona.
Cuando su equipo decayó en el ritmo de juego, mostró signos de preocupación y no cayó en decir o gesticular algo fuera de lugar. Su desahogo llegó con el fina. Fue solidario y líder, porque entró al campo y felicitó a sus jugadores deciéndoles: "Este esfuerzo es de ustedes, hay que seguir el camino".




