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Mascherano: el jefe, el líder y el corazón

  • Por Rodrigo Baires
11 de julio de 2014, 20:45
#Brasil2014
Mascherano le habla a Messi, en el encuentro contra Holanda, el que los clasificó a la final del Mundial de Brasil. (Foto: EFE)

Mascherano le habla a Messi, en el encuentro contra Holanda, el que los clasificó a la final del Mundial de Brasil. (Foto: EFE)

La defensa de Argentina en el Mundial de Brasil 2014 siempre me generó dudas. ¿Razones? Demasiadas para una columna. Y de ahí mi romería de lamentos eternos cada vez que jugaba la albiceleste, porque mientras a Lio Messi, el genio del equipo, lo cubrían con tres, cuatro o cinco jugadores; su zaga no se aplicaba, hacía aguas, regalaba sufrimiento.

Digamos que era círculo vicioso: Messi con el balón; marca en relevo; rival que la recupera; la contra que corre como si los persiguiera el mismo diablo; una defensa albiceleste que no convence;  los santos de cabeza; Sergio Romero, a veces sí, a veces, no; el ruego de “¡Despejen esa pelota, carajo!”; un “¡Uuuuuuuufffff!” largo, demasiado largo. Y así, de nuevo, de nuevo, de nuevo, como un ‘loop’ maldito.

¿Será este el Mundial de Messi? Argentina tiene un genio delante pero una zaga que deja mucho que desear. (Foto: AFP)
¿Será este el Mundial de Messi? Argentina tiene un genio delante pero una zaga que deja mucho que desear. (Foto: AFP)

Así, hasta el juego contra Bélgica.

¿Qué cambió? Argentina se encontró con la voz de su líder natural en el vestuario: Javier Mascherano. “¡Estoy cansado de comer mierda!”, les gritó a sus compañeros antes del juego contra Bélgica. “el Jefe”, azuzado por las palabras de Diego Armando Maradona, estaba enojado. Quería cambiar la historia de la selección argentina, la de la hinchada y la suya propia, toda vez que dos veces se quedó en los cuartos de final, en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.

Y por ello, decidió que no serviría solo para pegar el grito, regalar la arenga y sacar lágrimas, incluidas las de “la Pulga”; sino que lo mostraría en la grama. Ya saben, eso que llaman predicar con hechos y no solo con palabras. Y Mascherano, gol a parte de Gonzalo Higuaín y de Messi y sus genialidades, fue el mejor hombre en la cancha, a fuerza de entrega y de pierna fuerte. Eso que llaman ser soldado en el campo aun cuando sabes que eres el general.

Mascherano jugó fuerte en el partido ante Bélgica. (Foto: EFE)
Mascherano jugó fuerte en el partido ante Bélgica. (Foto: EFE)

“No hay nada más lindo que darle felicidad a los otros”, dijo después de ese encuentro, dedicando el pase a las semifinales a la hinchada y recordando que todavía hacía falta mucho trabajo y camino en este Brasil 2014.

Y contra Holanda, “el Jefe” jugó el partido de su vida. Los números hablan por él: 0 balones perdidos y 72 pases perfectos. Pero más allá, el medio campista asumió el liderazgo y el orden de su zaga; se convirtió un perro de presa sobre Arjen Robben, quien solo pudo hacer un tiro a marco; fue el nexo con su ataque desde la media cancha; se levantó de un KO en una entrada accidental con Georginio Wijnaldum; y fue la inspiración de Romero antes de la tanda de penales.

Con el resultado final del encuentro, esos seis segundos de charla entre Mascherano y Romero ya son parte de la leyenda de este mundial. El jefe hablando. La mirada fija. “Hoy, hoy vas a ser el héroe”, dijo. Dos palmadas en la mejilla izquierda. Un beso. Dos palmadas más… Y luego la hombrada de Romero. Messi y todos gritando el último gol, el penal de Maxi Rodríguez, como propio. “El jefe” hincado, con los brazos en alto en señal de victoria.

Con lo mostrado por Mascherano, de nuevo, Argentina encontró a un líder y el corazón en la cancha, un papel que le queda grande a Messi, y en mi top-10 de jugadores de este mundial, su nombre ya está fijo. 

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