Por la noche del 1 de octubre de 2015, miles de personas se vieron afectadas por un derrumbe sobre la comunidad de El Cambray II. Casi 300 personas fallecieron en el deslizamiento, algunos de los cuales no se encontró su cuerpo completo.
Para los sobrevivientes, a un año de la tragedia, recuerdan que han sido doce meses muy duros, no solo por la pérdida de sus seres queridos, sino porque muchos quedaron prácticamente sin nada.
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Este es el caso de doña Margarita Sumalé, que por cuestiones del destino, estaba fuera de su casa cuando ocurrió el deslave, mientras que toda su familia: su esposo, su hija, su entenado y su bebé, fallecieron.
Ella estaba en un rezo y solo el ofrecimiento de una taza de café, la retrasó para llegar a su casa. Ese café le salvó la vida, porque minutos después, su casa desaparecería debajo de la tierra desprendida.
No solo perdió a su familia, que es lo más doloroso. También perdió todo lo material. Lo único que le quedó fue un quetzal, que llevaba consigo. En mi bolsa me acompañaba un quetzal esa noche, prácticamente me quedé en la calle", añadió.
A partir de ahí tuvo que comenzar la vida de nuevo y en la soledad. En la tragedia, doña Margarita perdió a su esposo, a su hija, a su entenado y su bebé.
Asegura que sin la ayuda de las psicólogas y sus vecinos no hubiera podido hacer nada.

Pese a que ha logrado levantarse de la desgracia, doña Margarita ha sentido este año "bastante pesado" por la soledad.
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"Dios nos dio la oportunidad de estar vivos y hay que seguir luchando para seguir adelante", esa es su fortaleza.



