Aunque el flujo de divisas equivale al 20,7% del PIB, técnicamente no representa producción nacional, sino un ingreso externo que infla la capacidad de compra de los hogares. Expertos analizan el mecanismo de transmisión de estos recursos en la economía.
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Guatemala cerró 2025 con un récord histórico de 25,530 millones de dólares en remesas, un crecimiento del 18.7% respecto al año anterior. Sin embargo, más allá de la cifra, la discusión económica se centra en cómo este flujo masivo de dinero, que equivale al 20,7% del PIB, distorsiona y a la vez sostiene la macroeconomía del país sin ser formalmente "producción nacional".
Álvaro González Ricci, presidente del Banco de Guatemala (Banguat), aclaró que las remesas no forman parte del PIB porque no se generan en el país. "El ingreso que reciben nuestros compatriotas en Estados Unidos es la remuneración a su trabajo, por lo tanto, forma parte del Producto Nacional Bruto (PNB), mas no del PIB", enfatizó.
No obstante, estos recursos ingresan a la contabilidad nacional a través del "mecanismo de transmisión" del gasto. Según González Ricci, el dinero se convierte en crecimiento del PIB cuando los beneficiarios consumen, ya que al comprar alimentos, se activa la industria; al adquirir materiales, crece el sector construcción.
Este fenómeno es vital en una economía donde el consumo privado representa el 90% del PIB y las remesas financian el 18% de todos los gastos de los hogares, agrego el presidente del banco central.

Ingreso vs producción
Para el analista macroeconómico Miguel Gutiérrez "los ingresos de los guatemaltecos son un 20% mayores que su producción gracias a las remesas" y advirtió que el aparato productivo de Guatemala tiene un límite y "no hay forma de que le inyectes dinero y crezca más" debido a deficiencias en infraestructura y mano de obra.
En consecuencia, el exceso de liquidez no se traduce necesariamente en más producción local, sino en consumo importado. "La gente no va a consumir más maíz (...) lo que hace es comprar un vehículo nuevo o una pantalla, cosas que no producimos", explica Gutiérrez.

¿Qué pasaría si las remesas cayeran?
Aunque las autoridades y analistas ven improbable una caída drástica debido a la reciente diáspora de dos millones de guatemaltecos que garantiza flujos por al menos siete años, el escenario hipotético revela la dependencia del modelo.
Para el presidente del Banguat, una contracción severa tendría impactos macroeconómicos significativos, pero "los impactos sociales serían catastróficos", dado que para el 30% de los receptores, la remesa es su único ingreso.
Sin embargo, desde la óptica de la oferta y la producción, Gutiérrez matiza el impacto. Si las remesas cayeran un 10% "la producción se vería muy poco afectada", porque el ajuste inmediato se daría en una reducción de las importaciones. "Las familias dejarían de comprar teléfonos sofisticados o televisores grandes, bienes que son importados", ejemplificó.
Además, Gutiérrez señaló un efecto secundario de las remesas, la llamada "enfermedad holandesa", que desincentiva la incorporación al mercado laboral. Sectores como el café han enfrentado pérdidas de cosechas por falta de mano de obra. Una baja en las remesas obligaría a más personas a buscar empleo, aliviando la escasez de trabajadores.

Perspectivas 2026
El Banguat proyecta una desaceleración en el crecimiento de las remesas para 2026, estimando un alza del 5% —llegando a unos 26,800 millones de dólares— frente al 18,7% de 2025. Esta prudencia responde a una política migratoria más restrictiva en Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump y un debilitamiento del mercado laboral estadounidense.
Pese a la desaceleración, el flujo sigue siendo el pilar de la estabilidad cambiaria y el consumo, superando con creces a las exportaciones (12.5% del PIB) y a la Inversión Extranjera Directa (1.5% del PIB).





