Investigadores del Centro Médico Wake Forest Baptist (EE.UU.) publicaron un estudio en Scientific Reports, una de las revistas de la editorial Nature, donde desgranan la intimidad del cerebro cuando escuchamos canciones que nos gustan particularmente.
La música y el baile conectan todo nuestro cerebro y activan el hipocampo.
Baile, no importa el estilo
Aprender a bailar cualquier estilo no sólo es bueno para nuestro cuerpo, sino también para el cerebro. Así como lo estás leyendo. Los movimientos que se requieren para las coreografías permiten que los músculos generales se impliquen, incluyendo los del lóbulo frontal.
Pero atención, que lo mismo ocurre cuando se nos da por bailar frente al espejo o cuando estamos solos en casa y en la radio pasan ese tema que tanto nos gusta.
En nuestro cerebro mucho es lo que pasa mientras estamos bailando. Por ejemplo, se evalúan señales de ubicación en el espacio, se deciden qué músculos estirar y cuáles contraer, se mantiene el equilibrio, se perfeccionan los movimientos, etcétera.
Bailar es la terapia perfecta para huir de la depresión, la tristeza y el estrés. Pero además, sirve para mejorar la capacidad pulmonar y cardíaca, bajar de peso y quitarnos la vergüenza.
Los científicos de la Escuela de Medicina de Nueva York dicen que bailar es la actividad más efectiva para evitar el envejecimiento del cerebro. Está incluida dentro del grupo de tareas que no podemos dejar de realizar, tales como resolver crucigramas, hacer sudoku o leer.
Música, no importa el género
Cuando escuchamos la música que amamos se establecen fuertes conexiones eléctricas entre las áreas auditivas del cerebro y el hipocampo, una (parte relacionada con la memoria y la emocionalidad). Eso significa que los procesos neuronales que experimenta un fan de Metallica son muy parecidos a los que se dan en la cabeza de un aficionado a Chopin o lo que pasa cuando un fan escucha a la Trakalosa, cuando cada uno está escuchando lo que les gusta, por diferentes que sean los géneros.
Esto de que todos sentimos lo mismo al oír nuestras piezas favoritas ayudaría a explicar por qué canciones diferentes pueden desencadenar estados emocionales muy parecidos en distintas personas.
Sin embargo, lo fundamental del estudio es que muestra cómo nuestro cerebro es capaz de darle la vuelta a cualquier serie de estímulos sonoros para despertar estados de ánimo hasta cierto punto impredecibles, relacionados con el gusto musical del oyente.
Memoria
También se ha visto que somos capaces de hacer de la música algo agradable al identificarnos con lo que escuchamos relacionándolo con nuestros recuerdos y ayudando así a darles un significado satisfactorio o servirnos de ella para regular mejor nuestras emociones.
Estilos y lo que nos generan
El Hard Rock permite quitar la angustia y el dolor, que olvidemos los problemas, mejoremos los ánimos, reduzcamos el estrés y “seguir adelante”.
La música clásica hace que las personas estén más tranquilas y concentradas (una terapia muy interesante consiste en que las mujeres embarazadas escuchen Mozart o Vivaldi para que su bebé sea más calmado al nacer). Además fomenta hábitos de aprendizaje, nos hace más inteligentes y razonables.
La música romántica estimula la hormona “del amor”, conocida científicamente como oxitocina. Abre los sentimientos y la excitación, permite que una persona se sienta más confiada de si misma al tener una cita.
El “Metal” aumenta la producción de las hormonas calmantes y estimulantes de una manera especial, ya que el cerebro recibe como si fuera una “explosión de energía” y al terminar de escuchar esos compuestos se disuelven y nos permiten sentirnos más reflexivos o nostálgicos.
El Hip Hop y la música electrónica tienen efectos similares en el cuerpo, ya que estimulan la producción de hormonas “energéticas”, hacer actividad constante, ejercitar, moverse más rápidamente, etc.




