En estos últimos días, trabajando en un proyecto grande para la compañía que tengo la bendición de dirigir, estuve presente en una reunión en la que un extranjero asistió a realizarnos una propuesta de servicios para la ejecución del proyecto. Luego de mostrarse receptivo acerca de las necesidades del proyecto, los detalles, objetivos, etcétera, la persona interrumpió diciendo que no era posible realizar una propuesta por diferentes motivos y nos animó en repetidas ocasiones a tener "Rigor y Disciplina" en la ejecución del proyecto.
Al principio me pareció como un buen pep talk y que a pesar de que no se había cumplido el objetivo de la reunión, esa charla nos motivaría a ponerle mayor atención aún a la base y fundamentos del proyecto. Por donde venga el consejo, sea por alguien con mucha credibilidad por tener puestos altos, gran responsabilidad dentro de su organización o por alguien que simplemente se tomó el tiempo de analizarnos a nosotros y/o a nuestro trabajo me parece que es bastante sano tomarlo.
Normalmente gastamos nuestro tiempo responsabilizando a nuestras autoridades por sus actos ilícitos, irresponsables y sus conflictos de interés pero no reconocemos que existen acciones negativas a diferentes escalas. La corrupción y la falta de ética alcanzan niveles alarmantes en cualquier sector y actividad en el país de tal forma que se ha vuelto nuestro modo de vida. Tenemos una cultura en la que premiamos al niño en el colegio que estafa al sistema y obtiene resultados fáciles sin ser sorprendido. No existen el rigor ni la disciplina.

Es común en nuestra cultura no reconocer nuestros errores, envidiar el buen trabajo que hace nuestro compañero de trabajo, buscar llegar al fin justificando cualquier medio. Común, pero no constante. Por eso muchas personas que vienen de fuera de nuestro país encuentran el éxito en Guatemala: tienen otra mentalidad que parece resulta ser lo opuesto a la norma y nosotros cedemos ante esa necesidad de cambio.
Sin ánimo de generalizar y conociendo el valioso trabajo que realizan muchos extranjeros aquí, un comentario parece hacer mayor sentido si quien lo dice tiene el acento diferente a que si la misma frase saliera de la boca de un guatemalteco. El nuevo mantra que nos había mostrado el extranjero con nombre y acento extranjero, que afuera del ámbito de su conveniencia habla como un guatemalteco más, tenía sentido. Trabajar con rigor y disciplina se trata de reconocer nuestros errores, valorarnos como cultura con aciertos y fallos y sobre todo no dejarnos llevar por los espejos que vienen de afuera. Tenemos identidad propia, talento y nuevas generaciones que pueden dar la cara con un entendimiento fuerte sobre la ética y emprender con éxito. Esa reunión me quitó un proveedor para un proyecto, pero me dio un mantra nuevo y me hizo recordar que debemos valorar lo que tenemos en el país y no permitir que un acento fingido cambie nuestra percepción sobre un producto o servicio.
Todo esto lo debemos abordar con mucho: Rigor y Disciplina.





