• Voces

84 medallas de alpinismo

  • Por Julio Serrano Echeverría

El principal deporte en Guatemala es, en realidad, el alpinismo. Cada atleta guatemalteco que desee realizarse en su disciplina deportiva tiene que atravesar gigantes montañas de dificultades que no son precisamente deportivas.

Las medallas de oro, de plata o de bronce miden su valor no por el metal del cual fueron elaboradas –que de hecho no son tal cual, de esos minerales-, sino por el valor simbólico y la historia de lucha, entrega y superación que hay detrás de cada una de ellas. 

Guatemala terminó sexta en el medallero de los juegos centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, con 84 medallas, 21 de las cuales fueron de oro.  En total, 428 atletas, 194 mujeres y 234 hombres, representaron al país en estas gestas –las palabrillas rebuscadas de los comentaristas deportivos. 

Y sí, son un inmenso orgullo los 428, con sus 84 medallas. Y orgullo es la palabra, porque sus triunfos, su esfuerzo continuado es una señal de luz y esperanza en un país donde el espíritu suele mantenerse en gris. 

El mérito es de ellos, sus familias y sus entrenadores, para empezar, de jóvenes dedicados al deporte yendo más allá de sus habilidades físicas y de la montaña de dificultades que les toca sortear.

Empezando por un COG y una CDAG hasta el cuello de corrupción, nepotismo y mediocridad. Ambas instituciones con altos presupuestos y ejecuciones opacas y mal utilizadas.

No son pocos los atletas que pueden contar lo difícil que es lograr crecer deportivamente con los recursos que tienen, los sueldos, las becas, las casas donde viven atletas de otros departamentos, la comida, los uniformes, el transporte, los médicos: casi cualquier elemento que necesiten  está esencialmente en su contra. 

Doble mérito para cada uno de los atletas destacados que a pesar de los pesares llegan lejos y brillan con luz propia y espíritu colectivo, sus familias, sus amigos, sus colegas y entrenadores dejan recursos propios, sacan préstamos, ven cómo hacerle para poder lograr el sueño de poder estar ahí.

A todas las personas que son parte del mecanismo que sí funciona, el del corazón, el del esfuerzo a contracorriente, a los atletas, sus familias, entrenadores y cuerpo técnico y administrativo que sí hacen su trabajo y se entregan, a todos ustedes infinitas gracias y una ovación de pie. 

A los que se roban los recursos y viven como reyes a costa de sacrificar a nuestros atletas, les deseamos un largo y doloroso esguince legal y que, ojalá, pronto la justicia intervenga con toda su fuerza a la infraestructura deportiva del país.

Mientras tanto que se escuchen incansables los aplausos para las 428 muchachos y muchachas.

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06 de agosto de 2018, 16:08

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