El Primer Ministro de Etiopía, hijo de padre musulmán y madre cristiana, y de origen humilde, Abby Ahmed saltó al escenario internacional en 2018 por lograr, en solo tres meses después de llegar al poder, la firma de un Acuerdo de Paz con el vecino país, Eritrea, tras un conflicto fronterizo estancado durante dos décadas.
También se convirtió en el mediador regional, después de impulsar la transición democrática en Sudán y la reconciliación en Sudán del Sur.
Una de sus primeras medidas fue la liberación de miles de presos políticos, favorecer el retorno de los exiliados y dar por terminado el estado de emergencia en su país, que había sido utilizado por el Gobierno anterior para cometer violaciones de derechos humanos.

En 2008 como teniente coronel, fue uno de los fundadores de la Agencia Nacional de Inteligencia, que dirigió por dos años. En paralelo, comenzó su carrera política en el Partido Democrático Oromo, convirtiéndose en Diputado de la coalición gobernante en 2010, y en Ministro de Ciencia y Tecnología de 2015.

Su afán reformista, persigue la liberación y apertura de la economía de uno de los países más poblados de África.
Su medida de privatizar la poderosa compañía aérea, Ethipolian Airlines, para apaciguar las tensiones étnicas mediante la búsqueda de nuevos equilibrios, no fue bien recibida. Por esa razón, apenas tres meses después de la llegada al poder, le lanzaron una granada que le explotó a menos de 20 metros.
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Ahmed tiene grandes retos por delante. El acuerdo de paz con Eritrea es aún frágil y debe concretarse. La guerra que enfrentó a ambos países por el control de un territorio comenzó en 1998, y provocó en solo dos años unos 80 mil muertos.
*Con información de El País




