Ángel, un delfín albino cazado por los pescadores de Taji, en Japón, esta semana, es una de las víctimas de esta tradición, criticada por organizaciones ambientalistas y defensoras de animales de todo el mundo como Sea Sheppard.
El cetáceo, fue separado de su madre, quien fue asesinada y la cría, por su rareza, ha pasado a ser parte del Museo de Ballenas local, donde además de exhibir a estos animales, también se vende carne de ballena y de delfín.
"El problema es que otros delfines raros, como él, han tenido historias donde duran entre seis y siete años con vida en el Museo –mucho menos de lo que vive un delfín libre–debido a las malas condiciones del lugar, el encarcelamiento y los maltratos", denuncian los activistas.
Este caso ha hecho que los detractores a esta práctica se organicen para salvarlo. Save Japan Dolphins, creó para ello una petición en línea para detener la caza de delfines y para expulsar a Taiji de Waza. Mientras se estima que por lo menos 2.000 delfines habrán muerto cuando termine la temporada. En Facebook también se encuentra la página en español Salven a los delfines de Taji.




