Dos de marzo. A Guatemala arriba el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, con una agenda clara: impulsar la “Alianza para la Prosperidad”. Se reúne con los mandatarios de Guatemala, Otto Pérez Molina; de Honduras, Juan Orlando Hernández y de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén. El recién llegado conoce del tema: una columna de su autoría apareció en The New York Times y en ésta queda patentizada su intención de que los gobiernos de los cuatro países trabajen juntos para que la región sea también una historia de éxito en el Hemisferio Occidental.

Uno de marzo.A Estados Unidos arriba el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, con una agenda clara: enviar el contundente mensaje de que negociar con Irán no es una buena idea. Que no pueden hacerse pactos con los gobiernos de los ayatolás y que cualquier avance en su programa nuclear se traducirá, sin importar las reiteradas negativas de Irán, en un arma atómica con el potencial de aniquilar al Estado judío.

Uno llega. Otro sale. ¿Casualidad? Para nada. La Casa Blanca está incómoda. ¿Molesta? También. La visita del premier israelí no cuenta con su beneplácito, porque no responde a una invitación hecha por parte de la administración de Barack Obama, sino a una formulada por John Boehner, líder de la mayoría republicana en la Cámara Alta. La cita es para lanzar su mensaje, tanto a senadores como para congresistas, durante una sesión conjunta. Honor reservado para pocos. La presencia del vicepresidente en estos cónclaves es habitual por quien preside el Senado. Le corresponde, además, estar sentado justo detrás del “speaker” y frente a las cámaras de televisión. Una treintena de demócratas tampoco acuden a la cita.
Biden, en Guatemala, lanza un espaldarazo a la Comisión Internacional contra la Impunidad que pocos se esperaban fuese de tal contundencia. “Debe ser prorrogada si alguien espera que el Congreso de Estados Unidos se vaya a sumar a la iniciativa haciendo compromisos de miles de millones de dólares”, dice en Villa Nueva. Pérez Molina replica que no puede ser condicionante. ¿Está dicha la última palabra en esta historia? Para nada.
El discurso de Netanyahu ante las dos cámaras hace correr ríos de tinta. Los noticieros, todos, presentan coberturas especiales. Las redes sociales, sin embargo, concentran su atención en un análisis en particular: el hecho por el comediante Jon Stewart en “The Daily Show”. El discurso fue “el Estado de la Unión que los republicanos hubiesen querido escuchar pronunciado por el líder que quisieran tener”. Los 40 minutos frente al Congreso se desmenuzan. Se analiza cada minuto. Cada frase. Cada oración. El momento politico es delicado. Irán y Estados Unidos, como nunca antes en la historia, enfrentan a un enemigo en común que ansía ver destruido a uno y a otro: el Estado Islámico. No hay certezas aún de que Teherán tenga una capacidad real para desarrollar una bomba nuclear. ¿Está dicha la última palabra en esta historia? Para nada.




