Gonzalo López Rivas transformó el amor por su tierra en música que trasciende los años. Desde su formación en la capital hasta su labor docente en el Instituto Alejandro Córdova, revive la historia del hombre que compuso los himnos más queridos de Huehuetenango.
LEE TAMBIÉN: Ramiro Gálvez Martínez combinó la devoción católica con el arte del bordado
"Canto a mi Huehuetenango" es sin duda, una de las composiciones más emblemáticas del cantautor Gonzalo López Rivas, una pieza musical que con el paso de los años trascendió generaciones hasta convertirse en el himno no oficial del departamento y en un símbolo del profundo amor que el autor profesó por su tierra natal.
El connotado maestro nació el 31 de enero de 1931 y falleció el 3 de marzo de 2018, a los 87 años de edad. A lo largo de su vida dejó un amplio legado en el ámbito musical y educativo, marcando la identidad cultural de Huehuetenango a través de sus composiciones y de su trabajo como formador de nuevas generaciones. Sus restos descansan en el cementerio general del departamento.

Desde muy pequeño mostró una inclinación especial por la música. Su padre, don Juan López, fue su primer maestro de guitarra, despertando en él el interés por este arte. Sin embargo, cuando tenía apenas 10 años perdió a su padre, situación que marcó su vida y lo llevó a trasladarse a la ciudad capital, donde continuó su formación académica.
Con esfuerzo y dedicación logró graduarse como maestro de educación musical en la escuela Jesús María Alvarado, paso que marcaría el inicio de una trayectoria dedicada a la enseñanza y a la creación musical.

Posteriormente amplió sus conocimientos en solfeo bajo la guía del maestro Jesús Eduardo Tánchez, quien también influyó en su desarrollo artístico.
Cariñosamente conocido como don Chalo, Gonzalo López Rivas se desempeñó como docente en el Instituto Normal Alejandro Córdova y en diversas escuelas primarias del departamento, donde compartió su pasión por la música con cientos de estudiantes.

Además de su labor docente, desarrolló una prolífica producción musical. Compuso himnos que identifican a varios establecimientos educativos, entre ellos las escuelas Edelmira Mauricio, Amalia Chávez, Jacinta Molina y Salvador Osorio, entre otras instituciones donde dejó huella con su talento.
Su trayectoria también incluyó la dirección de las Bandas de Música Civil de los departamentos de Chimaltenango y Huehuetenango, así como su participación en la recordada Marimba Orquesta Ritmos del Selegua, agrupación dirigida por el maestro Jesús Eduardo Tánchez.

A lo largo de su vida, su trabajo fue ampliamente reconocido por instituciones educativas, organizaciones sociales y autoridades municipales y departamentales, que en diversas ocasiones le rindieron homenajes por su aporte al arte y a la cultura.
Hoy, su obra más conocida, "Canto a mi Huehuetenango", continúa resonando en actos cívicos, celebraciones y encuentros culturales, manteniendo vivo el legado de un artista que dedicó su vida a enaltecer la identidad y el orgullo de su tierra.

Sus inspiraciones
Además del emblemático "Canto a mi Huehuetenango" creó las melodías:
- Para ti
- Huehuetenango
- Huehuetenango bonito
- A Huehuetenango
- Perlas de Huehuetenango
- Chiantla progresista
- Mestizos
- Rosalba





