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La historia de la tinta indeleble que no se quita con nada

  • Por Fredy Hernández
20 de junio de 2019, 04:06
El invento se realizó con el objetivo de evitar que las personas pudiesen votar más de una vez. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

El invento se realizó con el objetivo de evitar que las personas pudiesen votar más de una vez. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

¿Has intentado lavarte la tinta indeleble que te aplicaron en el dedo índice tras votar y no se te quita con nada? Pues, existe una respuesta: no es tinta...

El doctor Enrique Pazos, científico guatemalteco, replicó una historia a propósito de las elecciones generales en Guatemala, donde revela cómo surgió este invento de origen mexicano. 

De acuerdo con Pazos, la Tinta Indeleble fue un invento del doctor Filiberto Vázquez Dávila, ingeniero bioquímico mexicano. Su fórmula fue la ganadora de la convocatoria que lanzó el Instituto Electoral de México para evitar que la gente votara más de una vez.

En México se empezó a utilizar en 1994 y rápidamente alcanzó popularidad en los procesos electorales de Latinoamérica. 

No es tinta 

La clave de su invento es que al colocarse en la piel cambia el color de la misma, haciendo que sea imposible borrarlo, la única manera sería eliminando una capa de piel con instrumentos, como un cuchillo o un pelador de papas. Otro elemento que consideró fue que al usarse en una parte extensa de la piel donde no hubiera terminaciones nerviosas, no existirían quejas de ninguna persona.

El hecho que no pinte es la diferencia fundamental, ya que cualquier tinta no es indeleble, solamente pinta de manera superficial, pero al pigmentar la piel hace una reacción química con la epidermis.

"En realidad no es una tinta sino un pigmentador hecho a base de ácido acético. Penetra en la capa externa de la piel, reacciona con sus proteínas y cambia su color. No está sobre la piel y por eso no se quita aplicando algún otro químico", explica Pazos. 

El científico guatemalteco asegura que debe pasar un buen tiempo para que el efecto desaparezca de la piel en la que aplicó. 

Tras la explicación, Pazos lanzó la reflexión sobre la capacidad que tienen los países para confiar a sus propios científicos la creación de propuestas que puedan ser innovadoras y que al mismo tiempo crean oportunidades de desarrollo. 

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