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La historia de la enfermera que mató a sus hijos y confesó el crimen

  • Con información de José Dávila/Colaborador
01 de abril de 2026, 17:31
La enfermera fue vista y escuchada por sus vecinos, ya que entró en pánico luego de asesinar a sus hijos. (Foto Ilustrativa: Gemini IA/Cortesía)

La enfermera fue vista y escuchada por sus vecinos, ya que entró en pánico luego de asesinar a sus hijos. (Foto Ilustrativa: Gemini IA/Cortesía)

Este es el caso de una enfermera que asesinó a sus hijos y luego intentó quitarse la vida. Al no lograrlo, confesó su crimen y pidió que la fusilaran, en cambio fue enviada a un centro psiquiátrico.

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La noche del miércoles 21 de julio de 1976, fuertes gritos de desesperación cortaron de tajo la tranquilidad que se vivía en la colonia Primero de Julio, ya que una de sus vecinas, Clara Luz Lorenzana de Escalante, acababa de tomar la peor decisión de su vida al matar a sus cuatro hijos.

Clara Luz era una enfermera de 32 años que trabajaba en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) y que, con sus ingresos hacía todo lo posible por darle una vida digna a sus cuatro hijos: Josué Estuardo de 12 años, Wanda Brisela de 11, Gerardo Samuel de 9 y Jaime de 8.

Los hijos de la enfermera fueron encontrados dentro de la casa, sin vida. (Foto ilustrativa: Gemini IA/Cortesía)
Los hijos de la enfermera fueron encontrados dentro de la casa, sin vida. (Foto ilustrativa: Gemini IA/Cortesía)

Angustiada por la falta de dinero, decidió acabar con la vida de los menores y también con la propia, pero su intento de quitarse la vida falló, quedando herida de gravedad, lo que terminó de causar los gritos de desesperación que alertaron a sus vecinos.

Las autoridades la detuvieron; meses después se enfrentó a la justicia y, aunque ella misma pidió ser fusilada, esto no sucedió, a cambio fue enviada a un centro psiquiátrico y su caso se convirtió en uno de los más conocidos en el país y la región.

La escena del crimen

Los vecinos, quienes fueron los primeros en entrar a la casa, creían que un ladrón estaba dentro, pero encontraron los cuerpos de los niños, a la mujer en estado de shock y también varios frascos de éter, una sustancia que se usaba mucho para sedar a las personas previo a cirugías.

Ella había aplicado el éter con algodones en las narices y bocas de los niños, para que estos perdieran el conocimiento; acto seguido les cortó la yugular para asesinarlos sin que sintieran mayor dolor.

La macabra escena no dejó indiferente a ninguno, pues fue premeditada y bien ejecutada gracias a los conocimientos técnicos de la enfermera.

El éter, especialmente el éter dietílico, se utilizó históricamente como un potente anestésico general. (Foto ilustrativa: Shutterstock)
El éter, especialmente el éter dietílico, se utilizó históricamente como un potente anestésico general. (Foto ilustrativa: Shutterstock)

La sentencia que no pudo ser

Luego de ser capturada por las autoridades y estabilizada, la enfermera fue procesada y se enfrentó a la justicia a partir del 11 de agosto de 1976.

Escalante se presentó ante el Juzgado Sexto de Primera Instancia de lo Criminal, donde se le dieron los cargos de parricidio, por asesinar a sus propios hijos.

Ella fue declarada culpable e intentó que la fusilaran, pero las autoridades negaron su petición y a cambio se le internó por tiempo indefinido en un hospital psiquiátrico.

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