*Causa ajena al COVID-19

  • Mundo

El espeluznante caso de la pareja que planeó asesinato de su hija

  • Por Soy502
24 de octubre de 2019, 18:10
Los forenses estiman que Asunta fue asesinada entre las 19 y las 20 horas (Foto: Infobae)

Los forenses estiman que Asunta fue asesinada entre las 19 y las 20 horas (Foto: Infobae)

La niña nació en China y fue abandonada en un orfanato. A los 9 meses la adoptó un matrimonio español de clase alta. Resultó ser una hija obediente y una alumna brillante. Cuando cumplió 12 años, sus padres denunciaron que había desaparecido. Fue encontrada muerta un día después, ellos la habían asesinado.

El 21 de septiembre de 2013 empezaba el otoño en España. Para Asunta, ese mismo día, terminaban todos sus sueños. Era un sábado. Pero no cualquiera.

Nació en la ciudad china de Yongzhou, el 30 de septiembre de 2000, con el nombre de Yong Fang. Cuando tenía nueve meses de vida fue adoptada por un matrimonio español que no había podido tener hijos: Rosario Porto Ortega (en ese entonces 32 años, de Santiago de Compostela, abogada) y Alfonso Basterra Camporro (entonces 37 años, periodista, oriundo de la ciudad de Bilbao) y la nombraron: Asunta.

La suerte parecía haberse puesto del lado de esa dulce bebé de ojos rasgados. Pero en 2013, Rosario y Alfonso se divorciaron. Él había descubierto que ella le era infiel con otro hombre que, además, era casado. 

Asunta se quedó viviendo con Rosario en su departamento de siempre, un piso de 174 metros cuadrados valuado en 350 mil euros. Alfonso se marchó con su familia a Burgos primero y, luego, a Bilbao.

En junio de 2013, por un problema de lupus que derivó en una seria depresión, Rosario fue internada en un sanatorio. Esto hizo que Alfonso se ofreciera para ayudarla con Asunta. Eso sí, le exigió a cambio que abandonara a su amante. Era su única condición. Rosario aceptó, pero estaba demasiado fascinada con su nuevo amor. Decía que su ex era “un muy buen amigo y un mal marido” y lo definía como un “padrazo” con Asunta.

A principios del mes de julio empieza una cadena de hechos alarmantes e insólitos.

La noche del 4 de julio, en el departamento del tercer piso del número 31 de la calle Doutor Teixeiro, donde viven Rosario y su hija, se produce un episodio digno de una película de terror: un hombre enmascarado y vestido de negro trata de estrangular a Asunta mientras duerme. Rosario la habría salvado haciéndolo huir.

Luego contaría que su hija había dejado las llaves puestas del lado de afuera de la puerta de entrada. Y, ante la sorpresa de los familiares, dio por terminado el tema.

A la mañana siguiente, la pareja empieza a comprar cajas de lorazepam, una droga para el manejo de la ansiedad y del sueño. Alfonso va a la farmacia el 5 de julio y se lleva 50 comprimidos.

Cuatro días después, el 9 de julio, Asunta va a su clase de música luego de haber dormido en casa de su padre. Una profesora relató, durante el juicio, que ese día la alumna “no pudo recibir clase. Andaba en estado de sonambulismo”. El padre volvió a comprar los comprimidos, en total 125. 

El 22 de julio hubo otro episodio de somnolencia con Asunta. Esta vez ella le dijo a sus profesores de música algo que sonaba increíble: que sus padres la “engañaban” y que su madre le daba “unos polvos blancos que la hacían dormir durante días”. Al ser consultados, los padres, hablaron de una supuesta condición alérgica de Asunta por la que “estaba en tratamiento”. El pediatra que la atendía negó cuando declaró que la pequeña sufriera alergia alguna.

El siniestro plan ya estaba en marcha. Asunta se hallaba en manos de sus victimarios. Esos padres que debían cuidarla, estaban pergeñando otro destino para ella.

El sábado 21 de septiembre, la familia almuerza en falsa armonía a las 14 horas. Los tres en el departamento de Alfonso, que prepara unas ricas albóndigas con champiñones. Luego, juegan a las cartas. Allí, no lo confiesan ellos pero lo deducen los investigadores, le habrían dado a su hija la última y altísima dosis de lorazepam.

A las 17.21 horas Asunta se va de allí sola a su casa que queda a la vuelta. Llevaba ya en su pequeño cuerpo 27 pastillas de Orfidal. Rosario hace el mismo camino de regreso a su departamento 7 minutos después. Todo esto se sabe con precisión por las cámaras de una sucursal bancaria que grabó sus movimientos.

Los forenses estiman que Asunta fue asesinada entre las 19 y las 20 horas. A las 19:29 la alarma de la casa es desconectada y a las 20:53 la vuelven a conectar. A esa hora aproximada un vecino saluda a Rosario Porto que va en el auto, pero no ve a Asunta.

Se cree que Asunta salió muerta de esa casa cerca de las 21. Habría sido introducida en el auto de Rosario, atada de pies y manos. Su cadáver fue abandonado, con mucho cuidado, al costado de un camino arbolado.

*Con información de Infobae

Comentar
cerrar