Los largos viajes de estudiantes marquenses hacia Quetzaltenango dieron origen a un movimiento que transformó la educación superior. Esa lucha colectiva permitió la creación del Centro Universitario de San Marcos, un logro histórico para el desarrollo académico y social de la región.
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Desde finales de la década de 1960, jóvenes provenientes de San Marcos y San Pedro Sacatepéquez emprendieron largos y difíciles viajes diarios hacia Quetzaltenango para cursar estudios en las entonces Escuelas Facultativas de Occidente.
Más de 40 kilómetros recorridos en condiciones precarias, con limitaciones económicas y carreteras en mal estado, marcaron a una generación que daría origen al movimiento universitario marquense.

El licenciado Hugo Armando del Valle recuerda que esos trayectos constantes forjaron una conciencia colectiva. "Era insostenible que el acceso a la educación superior dependiera del sacrificio diario de viajar", afirmó, al señalar que en esos recorridos nació el impulso de la descentralización universitaria.
Durante los años setenta, la creación de una extensión parecía lejana. Sin embargo, el esfuerzo de los estudiantes coincidió con la creación del Centro Universitario en 1970, abriendo una oportunidad histórica para San Marcos.

El respaldo municipal fue determinante. El entonces alcalde, Ángel Guillermo Arriaga, lideró las gestiones ante la Universidad de San Carlos. Para él, "la extensión universitaria fue uno de los logros más extraordinarios para la cultura del departamento", destacando el papel de la comuna entre 1970 y 1974.

Primeros alumnos
El 13 de marzo de 1972 iniciaron las clases de la Sección Universitaria de San Marcos en la Escuela Tipo Federación Dr. Ulises Rojas, bajo la coordinación del licenciado Víctor Manuel Juárez Archila. Varios docentes impartieron clases ad honorem, reflejando el compromiso local con la educación superior.
Las tensiones con el Centro Universitario de Occidente (Cunoc) no tardaron en surgir. El cierre de carreras y la reducción presupuestaria pusieron en riesgo la continuidad académica. Como respuesta, en 1978 se impulsó el histórico plan fin de semana, propuesto por el licenciado Hugo Armando del Valle Rodríguez junto a estudiantes viajeros, permitiendo que maestros en servicio continuaran su formación profesional.

Paralelamente, el licenciado Óscar Leonel Anleú participó en los estudios de prefactibilidad y factibilidad, los cuales demostraron que San Marcos reunía las condiciones necesarias para contar con un centro universitario propio.
El movimiento estudiantil fue clave. Ethiel Ochoa y el licenciado Víctor Hugo Orozco, desde la Asociación de Estudiantes Universitarios, encabezaron procesos de organización y resistencia.

En 1987, con apoyo de rectoría, se logró la asignación del antiguo edificio del Hospital Nacional de San Marcos, antes ocupado por la Zona Militar No. 18, un hecho simbólico que aceleró la autorización del nuevo centro. El 14 de octubre de ese año, el Consejo Superior Universitario aprobó oficialmente la creación del Centro Universitario de San Marcos (Cusam), que comenzó labores en 1988.
La identidad cultural del Cusam estuvo marcada por la influencia de Guty Enrique Alvarado, impulsor de la estudiantina universitaria y de una visión humanista que integró arte, música y conciencia social en la formación académica.

Así, la historia del Cusam es también la historia de los estudiantes viajeros que desde la década de 1960, transformaron el sacrificio del camino en una conquista colectiva para el desarrollo educativo y social de San Marcos.
Detrás de la casa de estudios hay una generación que convirtió la adversidad en motor de cambio. Su legado permanece como ejemplo de organización, resistencia y visión educativa, pilares que hoy sostienen a la institución.





