15/08/2020

  • Comunidad

Las historias humanas del Covid-19 en Guatemala

  • Por Jessica Gramajo
14 de mayo de 2020, 06:05
En todo el mundo cientos de personas han estado en cuarentena y miles han resultado positivo para Covid-19. (Foto: Mongkolchon Akesin/Shutterstock)

En todo el mundo cientos de personas han estado en cuarentena y miles han resultado positivo para Covid-19. (Foto: Mongkolchon Akesin/Shutterstock)

Ser un caso sospechoso o ser confirmado con Covid-19 es una de las noticias más duras que una persona puede recibir. Sin embargo, es el primer paso de ingreso a un camino escabroso y lleno de dificultades, en donde, incluso ha habido pacientes que han sido amenazados de muerte.

El virus no solo ataca los pulmones y el sistema inmunológico, también provoca un estigma social para la persona portadora o para quienes estuvieron en contacto con un paciente positivo.

Uno de los casos más conocidos es el de la Municipalidad de Fraijanes, en donde el Consejo Municipal exigió al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) retirar a más de 60 personas que guardarían cuarentena en un centro de retiro ubicado en la finca "El Aprisco", pese a que se encuentra a más de un kilómetro de donde se localiza la población.

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El médico que se quedó sin hogar

Pero no son los únicos que han sido rechazados. Eleazar, así lo llamaremos, es un médico que labora en el IGSS. Todo iba bien, su carrera viento en popa, hasta que fue designado al área de atención a pacientes con Covid-19. Jamás imaginó que su labor humanitaria iba a poner en riesgo su vida social.

Uno de estos días, Eleazar llegó a su casa y se encontró con una gran sorpresa. El dueño del edificio de apartamentos en donde él vivía lo detuvo en la puerta y le indicó que sólo podía entrar a retirar sus pertenencias, debido a que todos los residentes del lugar ya no lo querían allí. Estaban asustados y pensaban que el joven médico los podía contagiar.

"No quiero volver a mi casa"

La historia Alfonso es similar. Tuvo contacto en su oficina con una persona positiva para Covid-19. De inmediato la empresa activó los protocolos establecidos por le Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) y los envió al IGSS donde les indicaron que serían puestos en cuarentena domiciliar.

Uno por uno fueron saliendo del hospital, menos Alfonso, quien se quedó atrás y se negaba a dejar el lugar. Uno de los médicos se le acercó y le pidió retirarse. Sin embargo, el joven le respondió: "No puedo. No me quiero ir". Todos los presentes quedaron sorprendidos: "¿Por qué?" Le preguntó el médico y acotó: "Tú no estás enfermo, sólo debes cumplir cuarentena".

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Con la voz quebrada y lágrimas en los ojos Alfonso respondió: "Sólo vivo con mi esposa y ella está embarazada, no quiero llegar a mi casa porque si soy positivo no quiero contagiarla a ella o a mi bebé. Déjenme quedar en esa esquinita, no ocuparé mucho espacio y les prometo que no los molestar".

La inhuman a escondidas

Una mujer, originaria de la aldea Chipuac, jurisdicción de Alaska, Sololá, falleció de Covid-19 el 25 de abril cuando era trasladada hacia el Hospital de Villa Nueva. Sus restos serían inhumados en en el Cementerio General de Totonicapán. Al momento que los vecinos se enteraron que se estaba abriendo la fosa, tomaron las instalaciones del lugar.

Pese a la negativa de los vecinos, la mujer fue enterrada en horas de la madrugada en el cementerio de Chipuac, pese a que los protocolos del MSPAS establecían que debía ser inhumada en Totonicapán.

La iban a linchar

Trabajando como guardia de seguridad, Jorge estuvo en contacto con un paciente que dio positivo para Covid-19. Lo pusieron en cuarentena domiciliar, por lo que viajó de regreso a su aldea. Después de varios días, la noticia que no querían llegó, el hisopado que le practicaron era positivo. Fue trasladado a un centro asistencial del IGSS, pero en su humilde vivienda quedó su esposa guardando cuarentena.

Los rumores sobre lo sucedido se esparcieron con rapidez. Y la sicosis colectiva afectó a la comunidad. Armados con palos y piedras llegaron a la vivienda de Lourdes para lincharla. Sin embargo, la mujer logró contactar de inmediato a las autoridades y lograron impedir un horrendo crimen.

Lourdes fue rescatada de su vivienda durante la noche. Fue transportada en una ambulancia. Aún no ha dado positivo, pero está resguardada en un hospital, debido a que teme volver a su hogar.

Frustración e indefensión 

Para Antonio Garavito, de la Higiene de la Liga Mental, el problema es que el coronavirus es un fenómeno que está fuera del control de las personas, y mientras hay más afectados se incrementa el efecto sicológico de "frustración" y de un "sentido de indefensión", más cuando se habla que el virus puede estar en cualquier lugar.

"Cuando los seres humanos tienen la sensación de indefensión y de frustración tendemos a generar respuestas agresivas y violentas, y se busca un responsable. El problema es que se responsabiliza al más vulnerable, al que menos se puede defender, en lugar de identificar quién no está impulsando políticas públicas adecuadas", lamentó.

De acuerdo con Garavito, además de la atención a los pacientes, las autoridades de Gobierno central y locales deben de impulsar mecanismos para rescatar el lado humano. "Dar la idea de que aquí no hay una responsabilidad individual y que cualquiera nos podemos infectar y si se toman las políticas adecuadas, esa enfermedad no debería de trascender", explicó.

"El problema es que hace falta muchísima información. Más ha habido prohibiciones del Gobierno desde que empezó, que estrategias de educación y de información, es natural de que así aparezca el instituto más primitivo, la irracionalidad... Hacer ratos se culpaba a los chinos, ahora a los portadores", manifestó el experto.

Garavito consideró que es momento en que el Gobierno y actores importantes como las iglesias comiencen a enviar mensajes de tranquilidad, educativos, de información, "en lugar de estar preocupados por hacer colectas virtuales de diezmos".   

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