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Museo de Takalik Abaj: la nueva ruina "joven" entre las preclásicas

  • Por Roberto Caubilla
17 de septiembre de 2018, 05:09

Al visitar el parque arqueológico Takalik Abaj se puede observar la convivencia de las ruinas prehispánicas de la cultura Olmeca y Maya con una nueva ruina que data de la época "político-democrática" y que se identificó como el museo arqueológico El Caracol del Tiempo (año 2004 d.C).

El proyecto tenía como objetivo exhibir los diferentes hallazgos arqueológicos, pero actualmente presenta un avanzado estado de abandono con grietas, humedades y vegetación en su interior.

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Hasta el punto que la Contraloría General de Cuentas recomendó al Ministerio de Cultura que se quedara en abandono y empezara de nuevo el proyecto con otro presupuesto e incluso una nueva ubicación.

“La idea era rescatarlo y recuperarlo, pero no se puede seguir construyendo sobre él”, indicó la Directora General de Patrimonio del ministerio de Cultura, Patricia Girón.

Ahora se trabaja para levantar las bases de un nuevo evento que empiece desde cero y que podría estar en una ubicación diferente al original.

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Primero se contratará una consultoría para que realice los diferentes estudios (suelo, arquitectónico, arqueológico, hidrológico y ambiental) que podría costar alrededor de 400 mil quetzales y después se iniciará el proceso de contratación de la construcción.

Mientras tanto, la ruina del siglo XXI seguirá erigida en el área sur del parque hasta que haya una sentencia judicial firme que también suponga la devolución del dinero que se adelantó para su construcción por parte de la empresa responsable.

Monumento a la corrupción

El proyecto inició en el año 2004, durante la época de Óscar Berger, cuando aparece el primer registro en la cartera de proyectos del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP). La construcción del Museo Arqueológico José Luis Ralda (donante de la tierra) se definía como “un complemento para el desarrollo social y cultural del parque” y se solicitaban Q10 millones para ello.

Un año después, el proyecto se empezó a ejecutar según el registro, sin embargo, no es hasta finales de 2006 cuando el Fondo Nacional para la Paz (Fonapaz) firma un convenio con la Asociación Guatemalteca de Conservadores y Restauradores de Monumentos, Bienes Inmuebles y Centros Históricos (AGBI) para que ejecuten el proyecto.

Convenio entre Fonapaz y AGBI. (Foto: Soy502)
Convenio entre Fonapaz y AGBI. (Foto: Soy502)

El monto del convenio es de Q1.9 millones y se divide en Q1.8 para la ejecución y Q66 mil para la administración de la organización. “De esa forma, Fonapaz no contrae ninguna obligación con el contratista”, aparece en el documento.

Según Guatecompras, la empresa adjudicada por Q1,848,857 fue Grupo K, S.A., contratista del Estado desde 2004 y cuyo representante legal es Marco Vinicio Morales Portillo, sobrino del expresidente.

La primera fase de tres consiste en la construcción del ingreso principal, vestíbulo, oficinas, sala educativa y preparación de la terraza para el estacionamiento.

Problemas con el terreno

Uno de los inconvenientes del proyecto fue la inscripción del terreno a favor del Estado y así quedó registrado en los informes del SNIP.

“Al no atender el compromiso suscrito por el Gobierno y el donante hacía que la segunda donación del terreno donde se ubicará el museo estuviera en una situación de pendiente. Con cada año de retraso, el costo de la construcción sube de valor y, por consiguiente, se pone en peligro la donación”, aparece en las observaciones.

Los donantes del terreno junto al ministro José Luis Chea (centro) en un acto del cambio de la Rosa. (Foto: MCD)
Los donantes del terreno junto al ministro José Luis Chea (centro) en un acto del cambio de la Rosa. (Foto: MCD)

En la actualidad, el terreno ya pertenece al Estado administrado por el Ministerio de Cultura.

Un nuevo contrato

A mediados de 2018, la empresa Grupo K se adjudicó un nuevo contrato, según aparece en Guatecompras, para la fase tres del proyecto que suponía la construcción de diferentes salas por Q7.1 millones.

En esta ocasión, la entidad ejecutora fue la Asociación Prodesarrollo de la Comunidad (Aprodescom) cuyo representante es Manuel Estuardo Casasola Pineda.

El diputado por Retalhuleu, Edwin Lux, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), denunció en redes sociales que el proyecto a medio terminar supuso un costo público de más de Q3.4 millones.

“Lo más lamentable fue que Fonapaz asignó recursos a la ONG, de esto ya hay denuncia penal y que la asociación restituya los fondos asignados y se le asigne una multa para reparar los daños”, pidió el diputado.

La eterna promesa

Después de esa contratación, el proyecto dejó de aparecer en los registros en ejecución, pasó a ser un proyecto en cartera y poco a poco fue quedando en segundo plano

Hasta que se retomó durante el primer año de Otto Pérez Molina, quien incluso visitó el parque para colocar la primera piedra de la reactivación del museo en el marco de la celebración del Bak’tun en 2012.

“Queremos que la política nacional de turismo se traduzca en acciones”, mencionó durante la actividad Pérez Molina. Según un boletín oficial de la época, el proyecto estaría a cargo de nuevo por Fonapaz, que supondría una inversión de Q11 millones y que se iba a concluir en seis meses.

Cinco años después, el actual ministro, José Luis Chea Urruela, ordena volver a retomar el proyecto como punto clave para que el parque obtenga la distinción de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

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Mientras tanto, las investigaciones continúan y la mayoría de los hallazgos se acumulan en la bóveda de un banco a la espera de poder algún día ser expuestos a los visitantes.

Otro museo de la corrupción

A cientos de kilómetros de Retalhuleu, cerca de la isla de Flores, hay un caso similar al del museo de Takalik Abaj.

Se trata del Centro Turístico Museo Mundo Maya, una gran infraestructura en el sitio arqueológico Tayasal, a orillas del lago Petén Itzá.

Proyecto del museo de Petén. (Foto: Soy502)
Proyecto del museo de Petén. (Foto: Soy502)

La construcción supuso una inversión de más de 45 millones de quetzales y el encargado del proyecto fue el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales.

El director del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat), Jorge Mario Chajón, lamentó este tipo de proyectos que quedaron abandonados fruto de la corrupción.

“En el caso de Tayasal, la estructura es bastante grande e igual no funciona, no sirve”, apuntó Chajón.

En el caso contrario, Chajón informó sobre la reciente remodelación del museo en el sitio arqueológico de Iximché en la que se invirtió más de Q713 mil del presupuesto de la institución.

Único parque “Q verde”

Pese al problema del museo, el Inguat entregó recientemente el sello Q Verde de calidad y sostenibilidad turística al parque Takalik Abaj. Esto lo convierte en el único sitio arqueológico del país con este distintivo.

Chajón indicó que durante el proceso, la administración mejoró los procesos y los auditores consideraron que cumplía con los requisitos. No así como el sitio arqueológico de Yaxhá, que también solicitó el distintivo pero no cumplió los requisitos.

Pieza recuperada en el yacimiento arqueológico. (Foto: Soy502)
Pieza recuperada en el yacimiento arqueológico. (Foto: Soy502)

“Takalik Abaj aún no es sostenible económicamente pero sí socioculturalmente y no está dañando a las comunidades de alrededor”, comentó el director.

Respecto a que el yacimiento sea considerado Patrimonio de la Humanidad, Chajón indicó que no es tan importante el museo como la presentación de un buen expediente a la Unesco.

“El sitio de Quiriguá es Patrimonio de la Humanidad y no tiene museo”, comparó.

Con más o menos turismo, el enfoque ahora del sitio de Takalik Abaj pasa por la conservación de sus recursos.

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