¿Sabías que en 1902 Quetzaltenango sobrevivió a un sismo de 7.5 grados y a una de las erupciones más potentes del siglo XX? Descubre la historia del terremoto de San Perfecto y la explosión del volcán Santa María, y cómo estas tragedias forjaron la identidad altense.
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Apenas comenzaba el siglo XX cuando dos catástrofes naturales pusieron a prueba el espíritu de los quetzaltecos, quienes lograron recuperarse y sobreponerse a la adversidad en uno de los años más difíciles de la historia de la región.
El 8 de abril de 1902, a las 20:21 horas, un terremoto de 7.5 grados en la escala de Richter sacudió la ciudad de Quetzaltenango. El sismo, conocido como terremoto de San Perfecto, dejó una estela de destrucción y muerte en la ciudad altense.

Según el historiador Óscar Soto, la tragedia dejó entre 800 y 900 personas fallecidas, mientras gran parte de la ciudad quedó devastada. En medio de la emergencia, las autoridades municipales tomaron las primeras decisiones para atender a la población afectada.
La búsqueda de personas heridas fue encomendada a grupos de vecinos que, de manera organizada, recorrieron los escombros durante toda la noche y el día siguiente. A esta situación se sumaron problemas en el abastecimiento de agua potable y energía eléctrica, lo que agravó las condiciones para los sobrevivientes.

Con el paso de los días también comenzaron a sentirse los efectos de la escasez de alimentos. El 20 de abril se reportaron dificultades para abastecer víveres a la población. Ante la crisis, el presidente de Guatemala de ese entonces, Manuel Estrada Cabrera, envió 15 mil pesos de la época para apoyar a los más necesitados.
Estas acciones ayudaron a mitigar la emergencia, y para el 20 de mayo la situación ya se encontraba bajo control.

Para brindar refugio a las familias que lo habían perdido todo, se trajo pajón desde Momostenango, con el que se construyeron galeras provisionales que sirvieron de vivienda temporal para unas 40 familias. Asimismo, algunas dependencias públicas que resultaron dañadas fueron reemplazadas con estructuras provisionales de madera y lámina instaladas en la Plaza Centroamérica.
La tragedia también dejó huella en el ámbito cultural. El compositor quetzalteco Mariano Valverde se inspiró en los hechos para crear el vals Noche de luna entre ruinas, una pieza musical que refleja la tristeza y el dolor de la población tras el desastre. Sin embargo, la desgracia no terminó allí.

El 24 y 25 de octubre de 1902, el volcán Santa María hizo erupción, expulsando enormes cantidades de arena, ceniza y pómez que alcanzaron hasta 30 kilómetros de altura. Los residuos volcánicos llegaron incluso hasta Chiapas, México, mientras que en Quetzaltenango y San Marcos el material volcánico alcanzó hasta medio metro de espesor.
De acuerdo con investigaciones científicas y registros del Insivumeh, se trató de una de las erupciones volcánicas más poderosas del siglo XX. Los estudios señalan que el volcán no había presentado actividad eruptiva en aproximadamente 35 mil años.

La tarde del 24 de octubre, a las 16:35 horas, el Santa María, considerado el cuarto volcán más alto de Guatemala, comenzó su actividad. Durante la madrugada del 25 de octubre, la erupción se intensificó, acompañada de fuertes retumbos y temblores constantes.
Durante aproximadamente 40 horas, el volcán expulsó ceniza y pómez en una de las explosiones volcánicas más grandes registradas en el siglo pasado.
Ambos desastres naturales marcaron profundamente la historia de la región y dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva de los quetzaltecos. La ciudad se vio obligada a reconstruirse y estos acontecimientos se recuerdan hoy como dos de los episodios más trágicos en la historia de Quetzaltenango.




