Al final siempre gana Alemania...

  • Por Juan Francisco
13 de julio de 2014, 18:17

Busqué varias ideas y títulos para evitar este encabezado, pero me parece que aquella frase de Gary Lineker tiene hoy más validez que nunca: “El fútbol es un deporte de 11 contra 11 donde al final siempre gana Alemania”.

Es fácil reconocer esa superioridad hoy que son campeones. ¿Por qué campeones? Porque fue el equipo que guardó una esencia, una identidad, una idea de ver y vivir el fútbol. Porque su presentación fue contundente al golear y prácticamente eliminar de entrada a Portugal, aguantar el primer lugar de su grupo pese a los difíciles y agotadores partidos ante Ghana y Estados Unidos, a este último derrotándolo en un partido de dignidad, por lo que se habló que convenía un empate. Porque aunque no dieron su mejor versión superaron a Argelia y Francia con lo justo. Porque masacraron a Brasil en su casa, con la mejor versión que se le vio en el Mundial y porque en un juego donde lo bonito se sacrificó por lo necesario, porque era más importante ganar que gustar, y aun en ese caso, en un partido de desgaste, Alemania también fue mejor que Argentina. Le ganaron en el marcador, pero también en posesión de pelota, en llegada, en opciones de gol.

Para quienes siguen el fútbol alemán recordarán que se habló mucho de que el dominio de una gran generación en los ochentas, coronada con el triunfo en Italia ’90 fue un punto alto de donde vino una inflexión con malas actuaciones en los noventas con Berti Vogts y Rudi Vöeller como técnicos. El último eslabón de esa racha fue la derrota en la final de Corea del Sur – Japón 2002.

Fue allí donde cambió la historia. Volvieron a su esencia. Fueron a buscar a cada rincón de la región  bávara. Rompieron el estigma del espigado y fuerte jugador rubio, apostaron por los inmigrantes de África y otros países europeos para consolidar a un equipo que creció a la sombra de una España dominante, avisando con aparición en finales de Eurocopa y semifinales de la Copa del Mundo que se venía algo importante.

Solamente Alemania podía romper aquello de que ningún europeo ganó un Mundial jugado en América. Hoy ocurrió y claro: fue Alemania.
Juan Francisco Romero

La palabra proceso, esa que tan poco crédito tiene en nuestro país, es bien trabajada por la ingeniería alemana que consolidó a un grupo de jugadores que se convirtieron en estrellas importantes en los equipos históricos de Europa y que hace apenas un año dominaba en Europa con el Bayern Münich.

El gol de Mario Göetze coronó un trabajo estratégicamente diseñado para romper todos los pronósticos. No importó que las apuestas apuntaran a Brasil como local, no importó que se hablara mucho de España y Honduras. No. Ellos fueron tan cuidadosos que al no encontrar una instalación de su gusto, diseñaron un pequeño hotel que fue su concentración. Sobrecargaron su torneo para darle al entrenador una semana más de trabajo. No cayeron en la seducción del dinero de los patrocinadores y escogieron estratégicamente a sus rivales en los fogueos. Todo estaba diseñado con un fin. Una maquinaria diseñada y trabajada para dar su mejor versión en el mundial. Solamente Alemania podía romper aquello que ningún europeo ganó un Mundial jugado en América. Hoy ocurrió y claro fue Alemania.

¿Empieza una nueva dinastía? ¿Estamos a las puertas de una nueva selección dominante? La historia reciente nos dice que será el tiempo el encargado de darle respuesta a estas interrogantes, pero hoy  vimos la coronación del que en opinión de quién escribe, fue el más regular, el más apegado a su juego, a su identidad, a su estilo. Que fue fiel a su historia y con ello ganó su cuarto título tras 24 años sin celebrar, mucho para el exigente espíritu ganador alemán.

De Argentina decir que fue una buena copa, creo que por encima de las expectativas, es muy poco al quedarse a 10 minutos de definir una final en penales. Jugó como todo el torneo: al límite, al borde. El peligro era que no siempre se puede apostar al error del otro, en una de esas el error es del propio equipo. Hoy el error fue argentino. Quedan preguntas en el ambiente. Si Messi finalmente llegará al nivel de Maradona, si esta gran generación coronará algún título, también solo el tiempo lo dirá. Parafraseando la canción que ellos entonaron, Argentina que se siente quedarse tan cerca del campeón.

Adiós Brasil, en 1,458 días Rusia nos espera. Le decimos a un mundial que tuvo sorpresas como Costa Rica, muchos goles, 171, buenos partidos, polémicas arbitrales, la llegada de la tecnología, la presencia de los memes, arqueros como figuras y un ambiente futbolero. Digno escenario para tan digno evento, entre todos los temores, Brasil, administrativamente hablando cumplió. Murió el rey, se llamaba España, ¡viva el Rey! Se llama Alemania. Gracias Soy502, gracias compañeros blogueros, gracias internautas, ¡GRACIAS TOTALES!

Obteniendo...
Obteniendo...
Obteniendo...
Obteniendo...
Obteniendo...
Obteniendo...
Obteniendo...
Obteniendo...
Obteniendo...
cerrar