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La amistad que permitió salvar la vida de dos familias

  • Por Juan Manuel Vega
Una pequeña decisión salvó a estos amigos y sus familias de la muerte segura. (Foto: Wilder López/Soy502)

Una pequeña decisión salvó a estos amigos y sus familias de la muerte segura. (Foto: Wilder López/Soy502)

La desolación

Todo se ve gris y cuesta respirar. El panorama en la aldea El Rodeo es desolador. Miles de familias dejaron todas sus pertenencias mientras corrían para ponerse a salvo, otros no pudieron salir a tiempo y murieron en el lugar. Muchos de los cuerpos aún no han sido localizados.

Felipe Santiago tiene 58 años y más de 40 de vivir en el caserio Los Lotes, de la aldea El Rodeo. Él es uno de las 80 personas de esa comunidad que ahora están albergadas en el Salón Municipal de Escuintla. Junto a él está Genaro Godínez, su amigo de toda la vida. Son vecinos de siempre y el domingo lograron escapar a tiempo y salvar a sus familias.

“El sábado empezaron los retumbos”, empieza Santiago a explicar, pero asegura que no se alarmaron porque es “algo normal”. Sin embargo, lo que ocurrió el domingo nunca había pasado. “Oímos los retumbos, pero no vimos venir nada, cuando vimos ya estaba cerquita. Avanzaba en silencio, nos agarró en silencio”, dice con la mirada perdida.

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Su familia, de 10 miembros, logró salir completa gracias a que tomaron la decisión de correr hacia una parte alta y no intentaron salir en línea recta del pueblo. Allí, lograron esperar la ayuda, bajo la lluvía mientras oscurecía. Godínez, su amigo, hizo lo mismo que él. De las dos familias, solo hay dos heridos con quemaduras aunque es probable que la nuera de Santiago pierda las piernas.

“Salimos corriendo, ya nos alcanzaba, venía atrasito. Muchas personas se quedaron atrapadas por jalar niños. Por voltear a ver donde venía algún familiar, los atrapó”, dice Santiago mientras suspira.

Godínez explica que en la carrera salieron sin nada más que lo que tenían puesto. No tienen más ropa e incluso su dinero quedó perdido en la casa. Santiago dice que no tenía ni un quetzal en la bolsa porque era domingo, pero estaba trabajando.

Administra un molino de masa. La venta del día, y sus ahorros, se quedaron junto al molino debajo del flujo piroplástico.

“Donde yo vivo hay un callejoncito, la familia que vivía al lado toda se perdió. Los demás no aparecen”, explica Godínez. Santiago agrega que aunque ellos le insistieron que saliera con ellos decidió quedarse. “La señora se encerró, pensó que no iba a ser tanto, que no iba a entrar a las casas”, dice. La cantidad del flujo piroplástico alcanzó una altura de dos metros en el sector donde ellos vivían.

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“Todo quedó destruído, ya no hay nada allí que uno pueda decir que quedó algo.”, agrega. Mientras tanto, desde un micrófono se escucha que los vecinos de Los Lotes deben preparar sus maletas porque serán trasladados a otro albergue.

Felipe y Genaro se ven a los ojos y respiran. Empiezan a preparar a sus familias para movilizarse de nuevo, sin tener idea de que les depara el futuro luego de perder todas sus pertenencias.

 

 

 

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* Con información de Juan Manuel Vega

04 de junio de 2018, 19:06

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