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Baile de Moros en San José Poaquil: Símbolo de historia, cultura y tradición

  • Con información de Carlos Sotz/Colaborador
07 de abril de 2026, 11:30
El relato europeo se fusionó con la cosmovisión local en este baile. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)

El relato europeo se fusionó con la cosmovisión local en este baile. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)

Descubre la magia del Baile de Moros en San José Poaquil. Conoce la historia de esta tradición explicada por la cronista Calixta Gabriel y el testimonio de don Tomás Lucas, quien lleva 60 años preservando esta danza.

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Lejos de ser una simple representación, el Baile de Moros escenificado en cada feria patronal del municipio de San José Poaquil, Chimaltenango, es un documento histórico andante.

Calixta Gabriel, escritora y cronista local, explicó la profundidad de esta manifestación cultural arraigada en el corazón poaquileño.

El grupo es dirigido por don Tomás Lucas, quien prosigue la tradición legada por sus mayores. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)
El grupo es dirigido por don Tomás Lucas, quien prosigue la tradición legada por sus mayores. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)

"Es una representación de la lucha entre los cristianos y los moros, que se originó en España y fue llevada a América por los conquistadores", detalló.

Sin embargo, al arraigarse en el municipio, la narrativa europea se fusionó con la cosmovisión local para dar paso a un ritual sincrético que generación tras generación se ha convertido en un símbolo de identidad y un homenaje anual al patrón del pueblo.

La danza sale a escena en cada feria patronal de San José Poaquil. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)
La danza sale a escena en cada feria patronal de San José Poaquil. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)

A las armas

Las calles céntricas del pueblo sirvieron de escenario. Los danzantes, luciendo máscaras talladas en madera y vistosos trajes bordados con pasamanería, espejos y cascos adornados con flores de colibrí y plumas, personificaron a los bandos en pugna.

Con espadas de madera que chocaban al ritmo de la marimba, los "soldados" ejecutaron una coreografía que trasciende lo religioso para convertirse en una ofrenda de colores y devoción.

Detrás de cada paso de baile hay una historia de resistencia cultural. Don Tomás Lucas, representante del grupo de danzantes, observa con orgullo y nostalgia el devenir de la tradición.

La marimba acompaña cada uno de los bailes ejecutados por los participantes. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)
La marimba acompaña cada uno de los bailes ejecutados por los participantes. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)

Con una trayectoria que supera las seis décadas sobre la pista de baile, don Tomás es la memoria viva del municipio.

"Llevo más de 60 años realizando este baile que lo heredé de mi padre, Nicolás Lucas, quien a su vez lo heredó de sus ancestros", compartió el veterano danzante, con la mirada fija en el esfuerzo de los nuevos integrantes.

Su testimonio revela la columna vertebral de esta tradición: una cadena familiar que ha logrado preservar los pasos, la música y la esencia de la danza a lo largo de un siglo.

El público local no pierde detalle de los movimientos. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)
El público local no pierde detalle de los movimientos. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)

La respuesta del público fue un reflejo del arraigo comunitario. Cientos de personas, entre lugareños y visitantes de municipios vecinos, se congregaron para ser testigos de la ceremonia.

"Es una tradición que nos une y nos hace sentir orgullosos de nuestra cultura", expresó un vecino que, desde el umbral de su casa, no perdía detalle del espectáculo.

Para la niñez del lugar, los danzantes no son simples actores, sino héroes legendarios que por unas horas cobran vida.

Leocadio Simón, junto a su esposa, visten a su hijo como bailarín. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)
Leocadio Simón, junto a su esposa, visten a su hijo como bailarín. (Foto: Carlos Sotz/Colaborador)

Conclusión

De esta manera, la celebración del Baile de los Moros es un recordatorio de que San José Paoquil respira cultura.

Es una invitación abierta a propios y extraños para sumergirse en las raíces de un pueblo que baila para no olvidar.

Mientras la marimba siga sonando y las nuevas generaciones tomen la espada de manos de los ancianos, la épica de moros y cristianos seguirá escribiendo su historia en el corazón de Chimaltenango.

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