Isaac Leiva Ávila es un referente del paraatletismo en Guatemala que ha desafiado la discapacidad visual con una trayectoria ejemplar. Originario de Puerto Barrios, este atleta garífuna ha representado al país en los Juegos Paralímpicos de Londres, Río y Tokio, destacando en lanzamiento de bala y disco.
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A los 46 años, Isaac Leiva Ávila no camina por las pistas de atletismo: las domina. Su figura, imponente y serena, es el vivo recordatorio de que la visión no reside en los ojos, sino en la voluntad.
Originario de las cálidas tierras de Puerto Barrios, Izabal, y orgulloso representante de la cosmovisión garífuna, Isaac ha transformado la discapacidad en el motor de una carrera que hoy lo posiciona como un referente del paraatletismo en Guatemala.
Isaac se inició en el deporte desde niño; a los 8 años jugaba futbol con equipos locales de Izabal. En la adolescencia cambió a levantamiento de pesas, disciplina en la que fue campeón centroamericano sub-15 y compitió en Juegos Panamericanos y Mundiales sub-20.

Su carrera tuvo una pausa en 1998 cuando perdió la vista por un mal tratamiento médico. Él tenía 21 años cuando su vida dio un giro absoluto al perder la vista; sin embargo, en lugar de retraerse, decidió que su fuerza física sería el eco de su fortaleza mental.
Actualmente, como licenciado en Pedagogía y Derechos Humanos, combina su rol en el Ministerio de Cultura y Deportes con la exigencia del alto rendimiento.

Entre el análisis de políticas de inclusión y el sudor en el campo de lanzamientos, Isaac construye un legado que trasciende las medallas. Su especialidad en impulso de bala y lanzamiento de disco no solo le ha otorgado récords centroamericanos, sino el respeto del mundo entero.
"No debemos limitarnos a pensar en lo que nos hace falta, sino potencializar aquellas habilidades que poseemos", afirma con una convicción Leiva Ávila.

Su currículo es una bitácora de constancia con participaciones en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020 han sido los escenarios donde la bandera azul y blanco ha ondeado gracias a su esfuerzo.
En la cita nipona, Isaac alcanzó la posición 11 en lanzamiento de bala clase F11, demostrando que su competitividad no conoce techos. Pero su versatilidad no es nueva; en sus inicios, desafió la velocidad en los 100, 200 y 400 metros planos, además de surcar el aire en el salto de longitud.

"Mi esposa y mis dos hijas, que son unos angelitos, son los instrumentos que me iluminan el camino para poder ser la persona que hoy soy", ha comentado el atleta.
Como representante de los paraatletas en Guatemala, desde 2020, su lucha no solo es por un podio, sino por los derechos de miles de personas que buscan en la actividad física una vía de libertad.
Guatemala tiene en Isaac no solo a un atleta, sino a un maestro de vida que nos enseña que el único límite real es el que nosotros mismos nos imponemos.




