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La desesperación por los desaparecidos

  • Curado por Roberto Caubilla

Elder de Jesús Vásquez espera a las afueras de la morgue temporal de Escuintla con la esperanza de que los forenses le den la noticia de que identificaron los restos de su esposa y sus cinco hijos.

Cada día, desde la tragedia, sigue el mismo ritual: sale del albergue Santa Marta camino a Taxisco, se acerca a la morgue, espera y se regresa al albergue.

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“A veces me voy hasta las 7 de la noche esperando que me den un resultado y nada, lo que me queda es esperar y acercarme a ver si me dan alguna noticia”, expresó sin perder la esperanza.

En sus manos sostiene las fotografías de todos ellos que descargó de su teléfono para facilitar el trabajo de los forenses. Con orgullo nos presenta a su familia al completo.

Su esposa: Lubia Nij tenía 49 años. Su hijo mayor: Jorge Ariel, de 28 años. A este le faltaba un año para graduarse como ingeniero agrónomo en la Universidad Rafael Landívar. Helen Floridalma tenía 26 años y ayudaba en las labores de la casa. Y luego estaban los pequeños Randy Noé, Sheyla Priscila y Harry Yadil, de 10, 6 y 4 años.

Si hubiera sabido que iba a pasar eso no me hubiera ido de la casa, o me hubiera muerto o tal vez los hubiera sacado porque los hubiera obligado a salir con tiempo.
Elder de Jesús
, sobreviviente

Momentos antes

Minutos antes de que el volcán de Fuego explotara, Elder de Jesús salió a revisar su milpa. Al rato, la lava ya había caído sobre su casa y se temió lo peor. Según su teoría, su familia se refugió dentro de su casa “esperando la voluntad de Dios”.

En varias ocasiones, Elder de Jesús ha ingresado a la Escuela Nacional Intercultural para cumplir con el proceso pero nunca ha llegado al salón donde se ubican los restos. “Si he entrado pero no se pueden reconocer, están calcinados”, lamentó.

Mientras tanto, espera que los resultados del reconocimiento de ADN sean positivos y recupere a su familia.

Don Néstor

Otra de las historias que aún no han recibido respuesta es la de Néstor Vega. En su caso, perdió a cuatro miembros de su familia: su esposa Marcelina Pamal de 32 años y sus hijas Dana Vanesa de 12, Dania Naomi de 9 y Kenia Camila de 7 años.

Una de las hijas de Néstor, desaparecidas en la tragedia. (Foto: Lucy Galindo/Soy502)
Una de las hijas de Néstor, desaparecidas en la tragedia. (Foto: Lucy Galindo/Soy502)

Sobre las 5 de la mañana, Néstor salió de su casa el domingo para ir a trabajar a una empresa comercializadora de la zona. Las noticias y las llamadas que recibió fueron las que le informaron de lo que estaba sucediendo en su comunidad.

“Nos pidieron unas fotos de la dentadura”, comenta mientras nos muestra dos fotos de sus hijas, totalmente ampliadas y que se habían tomado mientras jugaban con los filtros de Snapchat.

Baile de cifras

Las diez personas anteriores se suman a una de las estadísticas. O bien a la de los 109 cadáveres que hay en la morgue que da el Instituto de Ciencias Forenses (Inacif) o a los 192 desaparecidos que aún no han sido encontrados que da la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres Naturales.

No obstante, la cifra de desaparecidos podría aumentar en cualquier momento. Sobre todo, teniendo en cuenta que en la  comunidad San Miguel Los Lotes podrían estar viviendo al momento de la tragedia entre 200 y 300 familias, según los comentarios de los vecinos sobrevivientes y de Naciones Unidas, que incluso detalla la cifra en 257 viviendas.

Por ejemplo, en el caso de doña Eufemia García, ella reclama hasta 50 familiares, entre ellos su hija Seiny Rosemary Barillas García de 28 años y su bebé de 1 año y 5 meses, Luis Felipe Soc Barillas.

“Aquí tengo la foto de mi hija, ella se quedó con su hijo en brazos”, comenta mientras sostiene la fotografía dentro de la morgue y al lado de las cajas fúnebres que aún esperan más víctimas.

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Largo proceso de identificación

El fuerte olor se siente desde la calle en la colonia Hunapú. Dentro de la escuela el olor se mezcla con el dolor de las familias que llegan a reclamar por familiares y amigos.

En algunas aulas de la escuela, el Inacif y la Cruz Roja tienen instaladas las diferentes áreas del proceso de identificación.

La escuela se ha convertido en una morgue temporal en la aldea Hunapú. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)
La escuela se ha convertido en una morgue temporal en la aldea Hunapú. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

El primer paso es la entrevista con los familiares donde ellos dan los nombres de las personas que buscan. Después, pasa una nueva entrevista y les toman una muestra de sangre para la comparación genética.

En caso de que el reconocimiento no sea inmediato, el proceso se alarga porque se tiene que realizar el cotejo de las muestras. 

Desde el Inacif, Mirna Zeledón, vocera de la institución, detalló que han realizado cerca de 90 extracciones y que todavía no se tiene definido cuántas verificaciones por ADN se van a realizar.

Mientras tanto, los restos descansan en el salón comunal habilitado con un refrigerados y hielo seco.

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