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Los desplantes de la Canciller y el corazón del Embajador

  • Por Beatriz Colmenares
La canciller ha estado en el centro de la polémica desde la crisis de agosto 2017. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

La canciller ha estado en el centro de la polémica desde la crisis de agosto 2017. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Viernes 2 de febrero. La canciller, Sandra Jovel, recién retornada de Washington y Nueva York, recibe la Cruz de Servicios Distinguidos de las Fuerzas de Tierra del Ejército. A juicio de la institución castrense, la Ministra de Relaciones Exteriores pone “en alto el nombre de Guatemala” y hay que condecorarla por eso. En ese momento, poco o casi nada se sabe de su periplo por el norte.   

En los tres días previos, la prensa había esperado inútilmente la agenda de la funcionaria o que les confirmaran si iba a reunirse con Antonio Guterres, el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas. La cosa parece canción de niños. Que sí, que no, qué caiga el chaparrón.

Lunes 5 de febrero. La canciller Jovel explica de la forma más escueta posible la reunión sostenida con Guterres. No dice mucho más que la cantaleta repetida desde agosto 2017. “Injerencia”. “Intromisión”. “Mediatización”. Además, utiliza esa poco acertada táctica, patentada por el General Efraín Ríos Montt, de preguntarle a los periodistas cuál sería, según ellos, la respuesta a sus cuestionamientos.   

Martes 6 de febrero. Se filtra la confidencial “ayuda de memoria” de la reunión del 1 de febrero, que confirma lo que se decía detrás de bambalinas. A la señora Jovel, el Secretario Guterres no le dijo solo una vez que no iba a “despedir” a Iván Velásquez. Se lo dijo tres veces.

Según el documento filtrado, la ONU no respondió a la graciosa sugerencia de “compensar a las víctimas” de las “violaciones al debido proceso”, cometidas, según las autoridades guatemaltecas, por la mancuerna MP/Cicig.

Los diplomáticos decidieron hacerse de oídos sordos. Porque lo que la canciller parecía sugerir es que le tocaría a la Asamblea General resarcir económicamente a, por ejemplo, Otto Pérez Molina por tanto año que ha pasado en la cárcel, como si no fueran las argucias de su defensa las que impiden el avance del caso La Línea.

Pero la cosa no quedó ahí. Un secretario adjunto tuvo que corregirle la plana a Jovel e indicarle que el Comisionado Velásquez no es funcionario de plantilla de Naciones Unidas. El embajador Skinner-Kleé calificó al colombiano de “regente”. El vicecanciller Roldán aseguró que la lucha contra la corrupción atenta contra la seguridad jurídica, tan necesaria para las inversiones del país, argumento que no hay entidad financiera respetable que respalde.

Martes 6 de febrero. La Embajada de Estados Unidos en Guatemala publica un tuit acompañado de una breve frase y una elocuente fotografía. Del lado izquierdo, Luis Arreaga. Del derecho, Iván Velásquez. Ambos con una calcomanía que reza, nada más, Yo (corazoncito) Cicig.

¿Será que con dibujos entiende, de una vez por todas este gobierno, que #IvanSeQueda?

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07 de febrero de 2018, 14:02

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