Un detector del laboratorio IceCube, situado en la Estación Amundsen-Scott de la Antátida, en el Polo Sur, acaba de escribir un nuevo capítulo en la historia de la astrofísica al detectar por primera vez 28 neutrinos de alta energía de origen extraterrestre.
Se trata de unas partículas subatómicas que constantemente bombardean la Tierra, pero que al carecer de masa y carga apenas interaccionan con la materia, por lo que son muy difíciles de detectar.
"A partir de las pistas en los análisis previos del IceCube, utilizamos métodos mejorados de análisis y más datos para dar un significativo paso adelante en nuestra búsqueda de la esquiva señal astrofísica", explicó Olga Botner, de la universidad sueca de Uppsala a la revista Science.
Esto fue posible gracias a que el observatorio está formado por 5 mil 160 sensores o módulos ópticos digitales, suspendidos de 86 cabres de acero y, cada vez que los neutrinos interaccionan con el hielo, producen un fogonazo azul denominado "luz de Cherenkov".
El investigador Francis Halzen agrega que "después de ver cientos de miles de neutrinos atmosféricos, por fin hemos encontrado algo diferente" pues "esta es la primera indicación de neutrinos de muy alta energía procedentes del exterior de nuestro Sistema Solar, con energía más de un millón de veces superiores a los detectados en 1987 en conexión con una supernova observada en la Gran Nuebe de Magallanes".
Este hallazgo podría ser un primer paso para descifrar el origen de los rayos cósmicos, entre las que podrían encontrarse las supernovas, los agujeros negros, los brotes de rayos gamma, púlsares, núcleos galácticos activos y otros fenómenos. Aunque los 28 eventos registrados no son suficientes, los científicos confían en lograrlo en un futuro.
Con información de ABC.




