• Voces

Enfermarte: un lujo que no te podés dar

  • Por Julio Serrano Echeverría
La falta de insumos es un problema crónico del sistema de salud. Aquí, una botella de agua se usa para poner suero en el hospital de Cuilapa. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

La falta de insumos es un problema crónico del sistema de salud. Aquí, una botella de agua se usa para poner suero en el hospital de Cuilapa. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

Hay tres rutas inmediatas para conocer el infierno en Guatemala: la violencia, el aparato de justicia o la salud. 

Cada uno tiene su propia burocracia infernal diseñada para destruirle el espíritu a cualquiera que tenga menos de seis ceros en el banco, es decir casi para cualquier ciudadano.

La salud, para quedarnos nada más en ese círculo, es la tierra sobre la que una sociedad está fundada. El cuerpo y su bienestar son la unidad mínima de la dignidad y queda claro que aquí la dignidad hace ratos que se fue por un tubo.

En orden, para un joven "Cuerpo Sensible" de la clase media, el proceso podría ser:

1)Automedicarse: en su versión contemporánea, el Cuerpo Sensible tiene la brillante idea de googlear los síntomas. Al principio muy ingenuamente hasta que la paranoia le hace buscar cosas como “dolor de garganta cáncer” o “dolor de cabeza tumor” o “dolor de ojos ceguera”. Esta etapa suele terminar con una conversación breve e incómoda con el empleado de la farmacia.

2) Esperar y cruzar los dedos: los malestares comunes suelen tener salidas relativamente controladas y el Cuerpo Sensible suele decir con la poca voz que le queda, o con la barriga destruida, etcétera, “si mañana sigo igual voy al médico”. 

3) Ir al médico: para cuando el Cuerpo Sensible decide ir al médico se topa con que: a) no sabe con quién ir, b) llama a la mamá o al mejor amigo, c) vuelve a googlear, d) se lanza con el médico de la familia, e) va a una clínica popular, f) tiene seguro médico. 

4) La batería de exámenes: quedan ya muy pocos médicos generosos con el diagnóstico, al parecer las escuelas de medicina enseñan una distancia –casi inhumana- entre el médico y el Cuerpo Sensible. Si a uno el médico le dijera al despedirse “vas a estar mejor, vas a ver” sería tan reconfortante, pero tienen el mal hábito de dejarlo a uno con el “y si no lo hace, esto se puede complicar”. Me pasó una vez yendo a una clínica popular –donde se supone que todo es más barato para ayudar a la gente- y la consulta de 30 quetzales se tradujo en 1800 quetzales de exámenes, cuando tuve los resultados consulté con otro médico que me dijo “¿y por qué te hicieron todo esto?”. 

No cabe en este espacio la crisis de salud que vivimos.  Pero sí cabe decir que tenemos una pésima relación –personal y social- con el tema. No hablamos de esto, lo dejamos para última hora, evitamos reconocer nuestro cuerpo y, en general, lo cuidamos mal, y así no se puede.

La salud también es un tema y está bueno hacerse la pregunta de frente: ¿y tu salud, cómo está?  

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22 de enero de 2018, 16:01

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