Pese a ser la primera víctima del atentado al autobús ocurrido en San José Pinula, el domingo, don Pablo de Jesús Hernández Rodas no fue identificado en un primer momento por el delicado estado en el que se encontró su cuerpo. Y no fue hasta el día siguiente cuando los peritos del Inacif lograron la comparación genética que lo identificó y se entregó el cuerpo a sus familiares.
“El cuerpo estaba totalmente calcinado tras la explosión, solo un pie, el izquierdo creo, estaba sin quemaduras”, detalló Juan José Hernández, sobrino de la víctima, durante el velorio de su familiar.
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La familia sufrió un duro impacto tras conocer que don Pablo de Jesús era la única víctima de la explosión en el lugar. “Él era soltero y no tenía hijos, pero para nosotros era como un padre y mi madre (su cuñada) y mi abuela le tenían un gran amor”, recordó lleno de tristeza.
La víctima, de 68 años, trabajaba desde hace dos años en San José Pinula como guardián en un residencial. Ese domingo del ataque terminó su turno a las 7 de la mañana y se dirigió como de costumbre a tomar la camioneta que le llevaba de vuelta al Cantón del Ojo, en Palencia, donde vivía.
Momentos de incertidumbre
Juan José explicó que empezaron a sospechar a partir del mediodía del domingo cuando su tío no llegaba de trabajar. “Nos extrañó que no se comunicara con nosotros. Le llamábamos y no respondía al teléfono”, relató.
El sobrino de la víctima calificó esos momentos de gran angustia e incertidumbre, principalmente cuando se enteraron del bombazo en San José Pinula.
Sube a 2 el número de muertos por explosión en bus de San José Pinulahttps://t.co/G81aNtwtt9 pic.twitter.com/FmtQMQMHxt
“Antes de ir a buscar a los hospitales, llamamos al residencial por si de casualidad había perdido su celular. Su compañero nos dijo que salió a las 7 y que iba para su casa”.
Su familia guardó la esperanza de que pudiera estar entre los heridos de la explosión o incluso pensó que podría haber tenido otro tipo de accidente y estar internado en otro hospital.

No obstante, cuando se enteraron de que había un fallecido sin identificar se temieron lo peor. “Llevamos unas identificaciones suyas y con mis huellas dactilares se comparó y los peritos nos dijeron que eran coincidentes”.
¿Cómo lo recuerdan?
Pablo de Jesús creció en un ambiente agrícola, no tenía estudios y durante su vida profesional fue alternando varios trabajos. “La gente que lo conocía sabía que era un persona de buena fe”, aseguró Juan José.
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En el velorio, su sobrino mencionó con pena que este agosto cumplía 69 años y lo recordó como "una persona bajita, de 1.60 metros de estatura, de complexión delgada y moreno”.
Además, añadió que le faltaba un diente y tenía una fractura en la nariz, que fueron dos factores clave que ayudaron en la identificación.



