Víctor Wotzbelí Aguilar Solórzano, pianista y compositor originario de Quetzaltenango, es una figura fundamental en la historia musical del país, conocido por crear la guarimba, un género que fusiona la marimba tradicional con el foxtrot.
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Descubra el verdadero origen de este compositor guatemalteco, discípulo de Jesús Castillo, y la historia detrás de su obra más famosa, "La patrona de mi pueblo", una pieza clave de las celebraciones en honor a la Virgen del Rosario en Xelajú.
La trayectoria de Víctor Wotzbelí Aguilar Solórzano comienza en Huehuetenango, donde nació el 14 de junio de 1897, mientras su padre trabajaba temporalmente en la Gobernación Departamental.

Aunque su origen suele generar debate, su familia era quetzalteca y regresó a Quetzaltenango al concluir el empleo en el vecino departamento, lo que explica la confusión sobre el lugar natal del compositor.
En Xelajú cursó sus estudios en el Instituto Normal para Varones de Occidente, donde fue discípulo del reconocido maestro Jesús Castillo.
El marimbista Julio Taracena señala que Aguilar no era marimbista, como muchos creen, sino pianista, cantante y compositor, aunque con el tiempo se adaptó a otros ritmos e instrumentos.

De esa versatilidad surgió su aporte más distintivo: la creación de la guarimba, un género musical que fusiona el ritmo tradicional de marimba con la influencia del foxtrot, estilo estadounidense popular a inicios del siglo XX. Esta combinación ofreció a la población una propuesta fresca dentro de la música nacional.
La historia de La patrona de mi pueblo
La pieza más representativa de Aguilar, La patrona de mi pueblo, también ha sido motivo de controversia. Como relata Taracena, algunos asumieron que la composición estaba dedicada a la Virgen de la Asunción de la capital; sin embargo, Aguilar la escribió inspirado en la Virgen del Rosario, patrona de Quetzaltenango.

La melodía se ha vuelto parte esencial de los festejos de octubre en honor a la imagen, especialmente durante las serenatas. Aguilar regresó a Xela a finales de 1930, donde concluyó esta obra, pero no llegó a estrenarla ante el público debido a su fallecimiento. Desde entonces, cada octubre marca el inicio de las celebraciones religiosas con esta composición.
Entre otras piezas destacadas del autor figuran Tristezas quetzaltecas, Los trece y La cruz del cerrito, las cuales consolidan su lugar como una figura clave en la historia musical del país.





