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Guatemala y sus doce éxitos en fila

  • Por Beatriz Colmenares
Los ciudadanos son los guardianes del voto en la democracia guatemalteca. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Los ciudadanos son los guardianes del voto en la democracia guatemalteca. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Como la crisis eterna y la urgencia perpetua nos hacen olvidar con velocidad de rayo los acontecimientos, rara vez nos damos tiempo para reconocer lo que hacemos bien.

Hoy ya nadie habla de la consulta popular en la que, contra la mayoría de pronósticos, se logró la máxima participación en un referéndum durante la era democrática. Antes de que pudiéramos celebrar este significativo paso para resolver un conflicto arrastrado por siglos, se nos vino encima la "lista de los seis", en el proceso para elegir al futuro Fiscal General. Y entonces hubo que pasar la página, sin más. En automático. A otra cosa, mariposa. Lo cual rechazo, solo por esta ocasión. 

Por ello, sugiero hacer una breve pausa y felicitarnos, como país, por nuestro duodécimo éxito en fila: este proceso electoral, como todos los anteriores, se concretó libre de tacha. Transparente hasta la médula. Y el mérito no recae en nadie más que en los cientos de miles de guatemaltecos que, desde 1984, han asumido el reto de disponer del mejor ánimo y trabajar durante largas horas para garantizar que la decisión del votante  sea tomada en cuenta.

Los guatemaltecos votaron en todo el país. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)
Los guatemaltecos votaron en todo el país. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

El primer Tribunal Supremo Electoral, aquel presidido por Arturo Herbruger y constituido durante el gobierno de facto de Oscar Humberto Mejía Víctores, dispuso que la mejor garantía para proteger a los procesos electorales era investir de poder a los ciudadanos. “Este es un sistema de pirámide invertida”, me explicó un experto que trabajó en la organización de los primeros procesos en los que se empleó este modelo. “Tal cosa implica que el día de las elecciones nadie tiene más autoridad que la mesa receptora de votos. En sus integrantes queda la última palabra. Son ellos quienes solucionan los desacuerdos, si es que llega a surgir alguno, y los que certifican que la voluntad popular sea respetada”. 

A muchos se nos olvida que, hasta 1985, en este país el voto tenía menos valor que el papel en el que estaba impreso. El fraude era casi siempre la norma, no la excepción. Hoy, la situación es la opuesta.

Hacer trampa es virtualmente imposible. Y quienes acudieron a las urnas el domingo lo sabían. Y cuando fueron recibidos por entusiastas voluntarios con todo el ánimo de ayudarle a buscar su mesa, su línea y su atril, no se extrañaron ni se sintieron en otro planeta.

“Como el sistema depende de la gente, lo que se hizo en los primeros procesos fue buscar en todo el país a líderes apolíticos con voluntad de trabajo. Le preguntamos al alcalde, al gobernador, al cura, al pastor, al empresario. Así conformamos a las juntas receptoras de votos. Y las juntas integraron a las mesas, sin que interviniera nadie más. Dependíamos, hoy como entonces, de los guatemaltecos con buena voluntad”, sostiene el experto. Por fortuna han sido cientos de miles. Y gracias a esos voluntarios que trabajan en cada elección por el puro gusto de servir, el nuestro es un sistema electoral confiable y sin tachas. 

El diputado Jean Paul Briere vota en la Consulta Popular. (Foto: Soy502)
El diputado Jean Paul Briere vota en la Consulta Popular. (Foto: Soy502)

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18 de abril de 2018, 16:04

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