Descubre la leyenda de Las tres cruces en Chimaltenango, un lugar marcado por los fusilamientos de Justo Rufino Barrios. Este relato de la tradición oral guatemalteca narra apariciones y lamentos que persisten tras 135 años en el camino a San Juan Comalapa.
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En la ruta antigua que conecta al municipio con la cabecera departamental de Chimaltenango, entre los linderos de Pachitur y Las Lomas de Zaragoza, se yergue un paraje cargado de historia y misterio: "Las tres cruces", conocido en Kaqchiquel como "pa oxi cruz".
Lo que para muchos es solo un punto de referencia en el camino, para los agricultores de la zona es un lugar donde aún se oyen los lamentos de tres hombres que según la tradición oral, fueron fusilados por orden del general Justo Rufino Barrios hace más de 135 años.
Sentencia
De acuerdo con la memoria de los mayores, el hecho ocurrió durante uno de los viajes del presidente Justo Rufino Barrios (1873-1885), cuando regresaba de Quetzaltenango hacia la capital.

La versión popular señala que en el municipio de Patzicía, un grupo de personas planeaba una emboscada contra el mandatario.
Al ser advertido, Barrios decidió tomar una ruta alterna que pasaba por San José Poaquil, Comalapa y Chimaltenango.
Fue en medio de ese trayecto, en una zona boscosa donde aún brotaban manantiales de agua cristalina, que el gobernante ordenó detenerse a descansar.
Las razones del fusilamiento se desconocen. La tradición cuenta que sin mediar juicio, Barrios ordenó a sus acompañantes ejecutar a tres personas en ese mismo lugar. Los cuerpos fueron sepultados allí, sin cruz, sin nombre y sin ningún rito que les diera paz.

Llantos que no cesan
Paulino Curruchich, agricultor de la región y conocedor de las historias del lugar, afirma que los fenómenos se repiten con escalofriante regularidad.
"A eso del mediodía y al atardecer se oyen llantos prolongados. No son quejidos de animales, son voces humanas. Y a veces, también se oye el galopar de caballos, como si aún estuvieran huyendo o custodiando a alguien", relata Curruchich.
Según los pobladores, las almas en pena de los fusilados continúan deambulando por el mundo de los vivos sin encontrar descanso.

El hecho de que hayan transcurrido más de 140 años sin que se haya identificado a las víctimas o darles una sepultura digna, alimenta la creencia de que su sufrimiento sigue vigente.
Memoria
Pese al tiempo transcurrido, la comunidad no ha olvidado el sitio. Previo al Día de Todos los Santos, un labrador del lugar se encarga de limpiar el terreno y adornar las tres cruces que hoy marcan el lugar de los hechos.
"Se pone flores, se limpia la maleza, se arreglan las cruces. La gente dice que eso ayuda a calmar los llantos. Es como un acto de misericordia hacia quienes murieron sin que nadie intercediera por ellos", explica Curruchich.

¿Leyenda o realidad?
Aunque los archivos históricos no registran con exactitud el episodio, la tradición oral en San Juan Comalapa y sus alrededores mantieen viva la memoria del suceso.
Para muchos, las tres cruces son un recordatorio de los años de autoritarismo y violencia arbitraria que marcaron ciertos periodos de la historia guatemalteca. Para otros, es simplemente un lugar donde el dolor se negó a morir.
Hoy, viajeros y curiosos que transitan por el camino viejo aseguran que si guardan silencio al mediodía o al caer la tarde, aún se puede escuchar el eco de tres lamentos... y el galopar lejano de caballos que ya no tienen jinete.




