Descubre la historia de Jesús Nazareno de La Paz en Huehuetenango, una imagen rodeada de misterio que sobrevivió al incendio del Altar Mayor en 1956, consolidándose hoy como el símbolo de fe del primer domingo de Cuaresma.
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La historia de la venerada imagen de Jesús Nazareno de La Paz está marcada por el misterio, la resistencia y la profunda fe de un pueblo que, generación tras generación, ha mantenido viva su devoción.
No existen registros precisos sobre la fecha de su llegada a la localidad ni sobre el autor de la escultura, debido a que los antiguos archivos de la primera iglesia fueron destruidos durante la quema ordenada por el expresidente Justo Rufino Barrios, el 6 y 7 de diciembre de 1869.

A pesar de la ausencia documental, historiadores y devotos coinciden en que la imagen podría datar de finales del siglo XIX, aproximadamente de 1890. Su estilo neoclásico evidencia una estética sobria y solemne, propia de la época.
Originalmente, la imagen no poseía el tono moreno que hoy la caracteriza; este se ha ido transformando con el paso de los años, producto de las inclemencias del tiempo, el humo constante de las velas y los efectos de eventos trágicos, como el incendio del Altar Mayor ocurrido el 25 de enero de 1956, que también dejó huella en su estructura, según refiere el historiador Jorge Rodríguez.

Durante décadas, Jesús Nazareno de La Paz recorrió las calles en momentos clave de la Semana Santa huehueteca, especialmente en los Viacrucis de los viernes de Dolores y en la procesión de los Encuentros el Viernes Santo por la mañana. Sin embargo, fue en 1997 cuando se marcó un nuevo capítulo en su historia.
Por iniciativa del párroco Max Alvarado, y con el respaldo de la Hermandad, se decidió que la imagen saliera en procesión el primer domingo de Cuaresma, una tradición que desde entonces se ha consolidado con fuerza.
Cada año, el cortejo procesional recorre las principales calles y avenidas de la ciudad, convocando a una creciente cantidad de fieles que, con fe y profunda devoción, acompañan su paso.
El cortejo ha trascendido generaciones y ha motivado la participación de diversas comunidades católicas, que se suman con fervor a esta manifestación religiosa que ya supera los 150 años de existencia.

Un episodio reciente que quedó marcado en la memoria colectiva ocurrió en 2020, cuando la procesión del primer domingo de Cuaresma fue la única que logró salir a las calles antes de que la pandemia obligara a suspender todas las actividades religiosas públicas.
Durante dos años, el silencio reemplazó el sonido de las marchas fúnebres y el incienso, hasta que en 2022 el cortejo volvió a recorrer la ciudad, renovando la esperanza y reafirmando la fe de los creyentes.

Entre el aroma a incienso y el murmullo de los fieles, la imagen se convierte en un puente entre lo que fue y lo que vendrá. Más que un ícono artístico, es la certeza de un pueblo que encuentra en su mirada serena el refugio necesario.
Hoy, Jesús Nazareno de La Paz no solo representa una imagen religiosa, sino un símbolo vivo de la historia, la identidad y la espiritualidad de Huehuetenango, que continúa caminando junto a su pueblo, entre recuerdos, tradición y devoción.





