Explora Jolom Noj, conocido como el sitio arqueológico Chojolom en Cantel, Quetzaltenango. Este antiguo centro ceremonial de la cultura maya k'iche' resguarda cabezas de piedra y vestigios del período Posclásico.
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A solo 10 kilómetros de la ciudad de Quetzaltenango, en la aldea Pasac II del municipio de Cantel, se encuentra un rincón donde el pasado y la naturaleza convergen en silencio.
Se trata de Jolom Noj, también conocido como el sitio arqueológico Chojolom, un antiguo centro ceremonial maya que permanece resguardado entre las montañas y bosques del altiplano occidental.

Ubicado en el paraje Jolom, cerca del kilómetro 217 de la carretera Cito-Zarco, este sitio ha despertado el interés de visitantes locales y extranjeros que buscan acercarse al legado ancestral del país, en un entorno que aún conserva un aire de misticismo.
Durante siglos, el lugar permaneció oculto bajo la tierra y la vegetación; fue hasta el año 2010, tras el impacto de la tormenta tropical Agatha, que las intensas lluvias provocaron deslaves en el área, dejando al descubierto los primeros vestigios arqueológicos.

Aquel fenómeno natural marcó un punto de inflexión al revelar fragmentos de una historia que había permanecido enterrada por generaciones.
Entre los hallazgos más relevantes destacan tres cabezas esculpidas en piedra, atribuidas a la cultura maya k'iche' del período Posclásico mesoamericano, comprendido entre los años 900 y 1520 después de Cristo.
La primera figura encontrada fue una pequeña cabeza de armadillo, de aproximadamente 15 por 20 centímetros, descubierta por el agricultor Sebastián Sam, quien, sin saberlo, se convirtió en protagonista de un hallazgo histórico.

Posteriormente, fue localizada una cabeza humana de mayores dimensiones, de unos 50 por 50 centímetros. Sin embargo, la pieza más impresionante apareció tiempo después: una escultura monumental que representa a una deidad maya, con 1.1 metros de alto por 1.4 metros de ancho, considerada una evidencia clara del carácter ceremonial del sitio.
Las investigaciones y exploraciones continuaron revelando más elementos. En una cueva del lugar fueron halladas piezas de cerámica y una cabeza de barro que, según hipótesis de historiadores locales, podrían haber formado parte de antiguas ofrendas rituales.

Meses después, en octubre de ese mismo año, un nuevo deslave permitió descubrir un altar de piedra oculto bajo las raíces de un árbol, reforzando la teoría de que Chojolom fue un espacio ceremonial de relevancia para las comunidades mayas de la región.
El nombre Chojolom proviene del idioma k'iche' y significa "por la cabeza", derivado de la palabra jolom, que se traduce como cabeza. Para algunos estudiosos, esta denominación guarda una relación directa con las esculturas encontradas en el sitio, lo que sugiere una carga simbólica vinculada a la cosmovisión maya.

Hoy en día, Jolom Noj no solo ofrece vestigios arqueológicos, sino también una experiencia sensorial en medio del bosque de Cantel.
Senderos naturales, aire puro y los sonidos propios del entorno (como el canto de aves, el ulular de tecolotes y el eco lejano de coyotes) acompañan a quienes se aventuran a conocer este espacio donde la historia permanece viva entre la tierra y la memoria.




