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Ni ortodoxos, ni shucos, ni paracuandistas

  • Por Daniel Haering
Guatemala necesita mejores instituciones para ofrecer mejores condiciones de vida a su población. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Guatemala necesita mejores instituciones para ofrecer mejores condiciones de vida a su población. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

El futuro no será de los talibanes de la moralina. Esos que señalan a todo aquel que haya rozado la cosa pública como un apestado y equiparan no pedir factura con saqueos sistemáticos al erario.

Los que endosan errores de parientes, conocidos o empleadores a los que nada hicieron. Esos son pura pose. Una ficción que permite avanzar poco. Una excusa para que, por descarte, solo queden ellos en la fiesta.

El futuro no será de los shucos. Ya se les está acabando la piñata. Los que han estructurado su programa político en torno a alimentar redes clientelares y robarse hasta el agua de los floreros.

La estrategia de MP-CICIG va a dejar a pocos de ellos con posibilidades jurídicas de presentarse a las próximas elecciones y los que lo puedan hacer tendrán exiguo capital político. Los espacios están abiertos.

Habrá marcas por las que apostarán los de siempre pero por lo que se ve, serán lideradas por gatos a los que solo con enorme inversión de capital se les podrá subir el perfil.

El futuro no será de los paracuandistas, de esos que patalean porque se resisten al cambio y claman por una visión infantil de la justicia. “¿Por qué a mí sí y a mi hermana no?”, parecen estar diciendo.

“A tu hermana también la voy a castigar pero ese no es el punto. Tú hiciste mal y tienes que entender las consecuencias de eso al margen de lo que tu hermana haya hecho o no”.

El futuro será de los reformistas. De los que quieren cambiar fundamentalmente el sistema sin fusilamientos masivos.

De los que creen en la Democracia como la mejor forma de lidiar institucionalmente con nuestras diferencias. De los que serán capaces de encabezar una transición hacia un Estado más fuerte y más eficiente en el que quepamos todos, es decir, más liberal.

El futuro será de los responsables, de los que sean capaces de reflexionar sobre lo que se ha hecho mal, incluso sobre sus propios actos y asumir las consecuencias (carcelarias si amerita) si fuera necesario.

Ni el talibanismo de los autonombrados puros, ni abrazar las repugnancias del sistema por pánico a lo desconocido. Todo triunfo de esas opciones será o una catástrofe o mero espejismo.

Los sacrificios serán muchos, habrá que cuestionar una buena cantidad de privilegios y estar dispuesto a hacer los cambios inexcusables por muy dolorosos que estos sean.

Eso, si hay futuro. De no haberlo, tambalearemos entre revolucionarios de a veinte pesos, corruptos 2.0 y miedosos sin respuestas…hasta la derrota final.

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20 de febrero de 2018, 11:02

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