Descubre la historia del "Pan del Puerto", una joya gastronómica con más de 100 años de tradición. Conoce a Noé y Adolfo Santos, los emprendedores que mantienen vivo el legado del abuelo Antonio con recetas artesanales y horno de leña.
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Noé Santos y su hijo Adolfo son los guardianes de un legado que se ha transmitido de generación en generación por más de un siglo.
Se trata de la elaboración del tradicional "pan del puerto", receta heredada del abuelo Antonio Santos, quien en épocas antiguas comenzó con esta labor que se ha convertido en un emblema de sabor y tradición.

Lo que empezó como una actividad para llevar este delicioso pan a los diferentes destinos turísticos de la región, hoy continúa vigente gracias a la dedicación de esta familia.
Remenbranza
Don Noé recuerda con cariño cómo su padre Antonio preparaba el pan en aquella época para, posteriormente, disfrutar junto a su familia de un merecido descanso en el puerto de San José; de ahí, el nombre con el que aún lo conocen en el pueblo.

La fama de este pan no ha pasado desapercibida. Actualmente, es muy solicitado por los vecinos, quienes hacen sus encargos con antelación para no quedarse sin la oportunidad de saborearlo.
La preferencia de los clientes no es casualidad: la elaboración se realiza de manera completamente artesanal, conservando el método tradicional que los ha distinguido por más de cien años.
Uno de los secretos mejor guardados, y que marca la diferencia en su sabor, es la cocción en horno de leña.

Este proceso, que requiere de habilidad y paciencia, le otorga al pan esa textura y aroma inconfundibles que lo diferencian de cualquier otro.
"Es una herencia que llevamos con orgullo", comenta don Noé mientras supervisa cada detalle del proceso junto a su hijo Adolfo, quien ya se perfila como el continuador de esta tradición familiar.
Juntos trabajan para que el legado del abuelo Antonio no solo se mantenga, sino que siga deleitando a las nuevas generaciones.

"Mi papá nació en panadería, igual yo, también mis hijas; cuando hacemos pan, trabaja toda la familia", compartió Adolfo.
La historia de la familia Santos es un ejemplo de cómo las tradiciones, cuando se viven con pasión y se transmiten con amor, se convierten en un patrimonio vivo que conecta el pasado con el presente.
El pan de puerto elaborado por ellos no es solo un alimento, es un pedazo de historia que se hornea día a día entre leña y harina, manteniendo viva la esencia de un legado centenario.

Promoción
Si bien el pan artesanal cuenta con el pleno respaldo de sus compradores de toda la vida, los encargados del negocio no deben perder de vista la búsqueda de nuevos clientes.
En ese sentido, el licenciado Andrés Rivera recomienda la participación en las ferias de artesanos que suelen celebrarse en sitios turísticos de la región. "Allí se concentra el público que valora lo artesanal y está dispuesto a pagar un precio justo por el producto", manifestó.
La estrategia también incluye compartir pequeñas muestras del pan para que el consumidor potencial compare sabores y texturas. "También se pueden entablar alianzas con cafeterías o tiendas locales para que los clientes pasen a traer sus pedidos allí", detalló Rivera.




