Pensar en grande y no castigar el error cuando este ocurre rápido y permite aprender, es en esencia la metodología conocida como Silicon Valley Mindset, una forma de cultura empresarial que está revolucionando al mundo.
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Andrés Culasso, Vicepresidente de Operaciones de Aden Business School, durante una entrevista con Economía HOY, explica cómo dicha cultura forma parte de una visión estratégica que está cambiando a las empresas que la ponen en práctica. A continuación, un resumen de esta.
¿Qué significa Silicon Valley Mindset?
Es la mentalidad que nosotros deberíamos tener en nuestras organizaciones para obtener resultados exitosos y de largo alcance.
Lo que buscamos en nuestras empresas es crear valor que se derrame sobre nuestras comunidades, clientes, la sociedad y que se extienda. La Silicon Valley Mindset implica una preguntaincómoda: ¿Las empresas que están en Silicon Valley son más inteligentes que las de nuestra región?
La respuesta que muestran algunos indicadores es dura. En términos de patentamiento de nuevas ideas o de empresas unicornio —compañías con valoraciones superiores a mil millones de dólares— nuestra región representa apenas una fracción. Silicon Valley, con pocos kilómetros cuadrados, concentra más de 300 empresas unicornio, mientras que toda América Latina tiene alrededor de 18. Eso marca hacia dónde debemos avanzar: organizaciones capaces de generar valor a escala global.
¿Y cuál es la diferencia de esta metodología o mentalidad?
Es claramente una mentalidad. El que en esos pocos kilómetros estén concentradas tantas empresas exitosas no es porque tengan una alimentación distinta o que el agua es diferente, es por una forma de trabajar especial.
Un primer elemento es que hay una ambición elevada. En la región, generalmente buscamos que los proyectos se destaquen y sean líderes en nuestro mercado, ciudad o país. En Silicon Valley, en cambio, la ambición es global desde el inicio.
Ese es el primer ingrediente de la receta: pensar en grande. Luego vendrá el "cómo", pero sin esa ambición inicial es difícil construir organizaciones verdaderamente transformadoras.
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Esto hay que tenerlo muy en el radar en la gestión de nuestras empresas. ¿Por qué? Porque acá va a estar la diferencia. Si nos preguntamos ¿qué empresa va a dominar una industria, un mercado?, la respuesta es sencilla: la más inteligente va a dominar el mercado. Hoy vemos una carrera entre Estados Unidos y China por liderar el desarrollo de inteligencia artificial avanzada. Esta misma competencia ocurre en la industria: retail, Oil & Gas, hotelería, servicios. ¿Quién es la más inteligente? Hacia eso tenemos que orientar nuestra obsesión: ¿Cómo lograr que nuestra empresa sea más inteligente?

Hoy vemos dos problemas: primero, el nivel de inversión en inteligencia artificial es bajo; segundo, muchas veces esa inversión está mal orientada. Los proyectos no siempre generan valor.
En nuestras culturas el error suele verse como un fracaso, ¿çómo se logra cambiar esa mentalidad dentro de las empresas?
Hay un ejercicio que suelo proponer a los líderes: preguntarse si serían capaces de irse 30 días de vacaciones sin revisar el correo, el WhatsApp o cualquier medio de comunicación de la empresa.
En más del 90% de los casos la respuesta es no. Y eso revela un problema de liderazgo: no se ha construido autonomía ni criterio dentro del equipo.
Para que las personas desarrollen criterio necesitan un entorno donde no tengan miedo a equivocarse. Si el error se castiga, la organización se vuelve lenta, porque las personas prefieren moverse solo en terrenos seguros.
Las empresas que no se equivocan probablemente tampoco están aprendiendo. Y si no aprenden, su tiempo de vida será limitado.
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