Las hermanas que nacieron unidas de la cadera han cumplido su sueño, tener una madre.
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Entre risas nerviosas, miradas que lo decían todo y lágrimas que no lograron contenerse, Ana Rosa y Aída Rosalina, conocidas como "Las Rositas", dejaron atrás más de una década de espera para comenzar una nueva vida con una familia que las eligió para siempre.
Las hermanas, que ahora tienen 13 años, nacieron unidas de la cadera y desde sus primeros días enfrentaron una condición médica extraordinaria que las llevó a un proceso quirúrgico de separación y a una infancia marcada por hospitales, tratamientos y cuidados constantes.

Vivieron parte de su niñez en un hospital público, donde aprendieron a crecer entre batas blancas y rutinas médicas.
Luego, su vida continuó en un hogar de abrigo y protección, donde permanecieron durante varios años bajo resguardo institucional.
Durante ese tiempo, su historia fue la de dos niñas que resistían juntas, pero también la de dos niñas que soñaban con una familia.

Sueño cumplido
Las Rositas ya no sueñan con tener una madre; ahora pueden abrazarla.
La adopción fue formalizada por una mujer que las había recibido en su hogar temporalmente, lo que permitió que el proceso se desarrollara de manera acompañada, cercana y significativa.

"Agradezco a Dios el haberme permitido cumplir el sueño de ellas de tener una familia. Ahora quiero verlas crecer, amarlas cada día y construir juntas un hogar lleno de amor. Me emociona saber que podré velar por su salud y su aprendizaje, siempre tomadas de mi mano", dijo Shyrel Lynne, madre adoptiva.
El Consejo Nacional de Adopciones acompañó el proceso de integración, destacando el vínculo inquebrantable entre las hermanas y su conexión inmediata con su nueva familia.
"Más que tutores, encontraron personas dispuestas a asumir su historia y sus cuidados especiales", expresó el director Estuardo Mejicano.




