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Sicarios relatan cómo reclutan a niños en el narcotráfico

  • Por Soy502
15 de octubre de 2019, 07:10
Los grupos criminales utilizan a los niños ya que son manipulables y la justicia no puede darles penas tan altas tras ser condenados. (Foto: Archivo)

Los grupos criminales utilizan a los niños ya que son manipulables y la justicia no puede darles penas tan altas tras ser condenados. (Foto: Archivo)

Kevin” todavía estaba en la pubertad cuando se unió a una pandilla de su barrio. Tenía 16 años y había crecido en Ciudad Nezahualcóyotl, una de las zonas más marginadas y violentas en la periferia de la capital mexicana. Quería ser alguien. Quería pertenecer a algo. Quería respeto.

Y eso significaba tener cosas: ropa de marca, un par de zapatos de marca y dinero. La banda tenía unos 10 miembros, más o menos. El mayor no pasaba de los 25 años y el más pequeño tenía 9. El más pequeño era el más sanguinario. Nunca mostraba arrepentimiento y pararse a su lado le daba confianza porque sabía que si alguien se metía con ellos, el menor lo iba a matar.

Primero fue vandalismo y robo. Después fueron drogas, extorsiones a negocios y golpizas.

"La idea era meter terror a nuestros rivales", cuenta “Kevin”, ahora con 20 años, que decide hablar con la condición de que no se dé a conocer su nombre real. "Todo comenzó como un juego, éramos niños jugando a ser sicarios", recuerda.

Desde diciembre de 2006, tras el estallido de la llamada guerra contra el narcotráfico en México, hasta el año pasado, hubo 278 mil 899 homicidios, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. De ellos, más de un tercio eran hombres menores de 29 años y esa ya es la principal causa de muerte para ese grupo de edad.

Los grupos delictivos se aprovechan de las necesidades de los menores al ofrecerles grandes cantidades de dinero como pago por colaborarcon ellos.
Los grupos delictivos se aprovechan de las necesidades de los menores al ofrecerles grandes cantidades de dinero como pago por colaborarcon ellos.

Al rastro de la violencia letal se le une una estela de daños invisibles que se incrusta en una generación que ha crecido sobrexpuesta al enfrentamiento abierto entre el Gobierno y los carteles de la droga, y un glosario de un nuevo lenguaje sangriento: con publicaciones de Instagram y mensajes de Whatsapp sobre encajuelados, levantones y balaceras.

En los últimos años, la prensa mexicana se ha llenado de caras aniñadas como la de Kevin. Hace un mes fue abatido Juanito Pistolas, un sicario de 16 años, en Tamaulipas, uno de los Estados más peligrosos del país.

Esa misma semana, un comando incendió un bar en Coatzacoalcos y bloqueó las salidas de emergencia para que los asistentes no escaparan. Al menos 30 personas murieron. El principal sospechoso tenía 29 años y 2 de sus cómplices, detenidos tras la masacre, tenían 23.

Pero la lista de casos documentados se extiende a por lo menos una década atrás y no tiene señas de terminar. El propio Gobierno calcula que unos 460 mil menores de edad engrosan las filas del crimen organizado.

"Estamos hablando de que cada año hay un secuestro de decenas de miles de niños y adolescentes a manos del narcotráfico", apunta Clara Jusidman, presidenta del Centro Tepoztlán Víctor L. Urquidi.

"Por primera vez me sentí poderoso, estaba con la banda pesada del barrio, los que mataban, vendían drogas y gobernaban en realidad", cuenta Miguel, sobre su decisión de unirse con 17 años a un cartel que controla la zona norte del Estado de México, en el centro del país.

"Después vi por primera vez como torturaban a alguien, le cortaban la lengua, los dedos, las orejas y después se empezaban a carcajear", relata incrédulo Miguel. "Put* madre, obviamente me dio miedo", confiesa. Cuando le llegó el turno, le temblaba la mano, pero no podía mostrar sus sentimientos: "Si no lo hacía, me mataban a mí".

Muchos de los integrantes de los grupos del narco tienen un final terrorífico. Otros más terminan en prisión.
Muchos de los integrantes de los grupos del narco tienen un final terrorífico. Otros más terminan en prisión.

"Cuando atrapaban a un capo, lo único que pensaba era en todas las mujeres y el dinero que tenían", dice Kevin. "Y al mismo tiempo, no paraban de decirme que era 'un bueno para nada', que 'me iba a morir pobre' y era ese coraje el que usaba para pegar más fuerte, para no pensar", agrega.

El coraje era el de un niño que había padecido abandono de sus padres, de un adolescente que había crecido sin oportunidades y el del hombre que creía que debía ser.

"Me salvó la vida que me encerraran, quizás hubiera terminado en un ataúd, como otros", afirma Miguel, que como Kevin, tuvo una segunda oportunidad. Esa chance no llegó para 95 mil jóvenes que murieron en los últimos 13 años.

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*Tomado de El País

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