18/05/2021

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El trágico final de Philip Seymour Hoffman y su última noche con vida

  • Con información de Infobae
03 de febrero de 2021, 00:02
El éxito que tenía el actor no compensaba los demonios que le atormentaban y su adicción a las drogas. (Foto: New York Times)

El éxito que tenía el actor no compensaba los demonios que le atormentaban y su adicción a las drogas. (Foto: New York Times)

El 2 de febrero de 2014 el mundo del cine quedaba sorprendido al conocer que el actor Philip Seymour Hoffman había fallecido como consecuencia de una sobredosis de heroína.

Un departamento en un callejón del West Village, New York. Adentro, un cuerpo tirado en el baño, en calzoncillos, y una jeringa todavía colgando de uno de sus brazos. El hombre estaba muerto.

Eran las 11 de la noche del 2 de febrero de 2014, y el muerto, uno de los actores de cine y teatro más geniales y versátiles de su generación: un Oscar por su asombrosa composición de Truman Capote, y una colección de nominaciones y premios que parecía imposible lograr en tan pocos años: recién en 1984 empezó a estudiar teatro, su primer paso.

El que ese día volvió de Atlanta luego de rodar unas escenas de "Los juegos del hambre", al anochecer comió en un bar, sacó 1,200 dólares de un cajero y le dejó un mensaje a su amigo y dramaturgo David Bar Katz:"¿Vamos a ver el partido de los Knicks esta noche?"

Era una persona talentosa y reconocida, pero ni el amor de su familia logró sacarlo del mundo de las drogas.
Era una persona talentosa y reconocida, pero ni el amor de su familia logró sacarlo del mundo de las drogas.

Y el otro: el que cayó en la heroína muy joven, fue un adicto salvaje, se horrorizó de sí mismo y su drama, entró y salió en Narcóticos Anónimos, ganó la batalla –¡25 años sobrio!–, pero recayó hasta el sombrío y solitario final.

Desde 1999 estuvo casado con la diseñadora de vestuario Mimi O´Donell, con quien tuvo tres hijos: el varón Cooper Alexander y las niñas Tallulah y Willia.

En una extensa carta en la revista Vogue, que se publicó luego de su muerte, su esposa Mimi O’Donell desgrana los difíciles años de lucha.

Desde el comienzo, Phil fue muy franco respecto a sus adicciones. Me contó acerca de su período de consumo excesivo de alcohol y su experiencia con heroína cuando tenía apenas 20, y su primera rehabilitación a los 22. Estaba en terapia y concurría a Alcohólicos Anónimos, como la mayoría de sus amigos. Estar sobrio y ser un adicto en recuperación, además de su actuación y dirección, era en lo que más se enfocaba en su vida”, recordó la mujer de sus primeros años de relación.

Al parecer, en los últimos tiempos “estuvo atrapado en un triángulo amoroso”, según su amigo Katz, pero no se supo quién era la otra mujer.

Su familia lo acompañó el día de su funeral, una triste final para una estrella de Hollywood.
Su familia lo acompañó el día de su funeral, una triste final para una estrella de Hollywood.

Por lo demás, no sólo murió un enorme actor, también, algo no muy frecuente en su gremio, un hombre simple: “Era como un embajador del Greenwich Village”, recordó uno de sus vecinos. Sentado en los escalones del edificio de su departamento, fumando, hablaba con todos, y era un perfecto guía para los turistas. Un tipo cualquiera.

Pero la droga, como un siniestro juego de subibaja, lo minaba y se delataba como un demonio en esos vaivenes. 

 

En enero del 2014, tras tres meses sobrio, llegó el “aislamiento” de Hoffman. Fue durante la grabación de "The Hunger Games". Él en el rodaje, Mimi en Nueva York.

Financieramente, el actor ya había trasladado todo a su mujer. Sabía, íntimamente, que era irresponsable bajo su estado de adicción y quería protegerla a ella y a los niños.

Ella insistía en que volviera a rehabilitación. Pero ya era un camino difícil, imposible.

Cuando regresó de Atlanta, donde rodaba su último film, O’Donnell quiso mantener cierto control sobre él. Pero era demasiado tarde. Tres días después, el 2 de febrero de 2014, murió.

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