La historia de superación de Wilfrido Ávila Díaz desde las fincas cafetaleras hasta graduarse en la Usac, lo convierte en un referente de resiliencia en San Pedro Sacatepéquez.
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Arrastrándose entre el lodo, con un lazo atado a la cintura para acarrear leña, comenzó la historia de vida de Wilfrido Ávila Díaz. Hoy, a sus 68 años, es un ejemplo de esfuerzo, disciplina y vocación docente en el departamento de San Marcos, donde ha dedicado 29 años a formar generaciones de estudiantes.
Nacido el 18 de noviembre de 1958 en la aldea San Rafael Las Flores, municipio de San José El Rodeo, su infancia estuvo marcada por el trabajo duro en las fincas cafetaleras. Entre cosechas, polvo y sacrificios, forjó una fortaleza interior que lo impulsó a no rendirse frente a las adversidades físicas y sociales.

En la década de 1970, su familia se trasladó a San Pedro Sacatepéquez. En ese entonces, no contaba con una silla de ruedas, lo que dificultaba su movilidad. Sin embargo, su talento y carisma, especialmente al cantar, despertaron la solidaridad de personas que gestionaron apoyo para mejorar su calidad de vida.
Su camino académico tampoco fue sencillo. Con el respaldo de figuras como el profesor Emilio Gálvez Sosa, Ángel Villatoro Rodríguez y el ciudadano Rubén Pérez, quien le otorgó una beca, logró continuar sus estudios. Aunque interrumpió su formación durante tres años, retomó su educación hasta ingresar a la Universidad de San Carlos de Guatemala en 1990, donde se graduó como Profesor de Enseñanza Media en 1993.

Desde 1997, inició su labor docente en el Colegio Adolfo Méndez Zepeda. Su discapacidad nunca fue un obstáculo; por el contrario, se convirtió en una herramienta para inspirar a sus estudiantes y colegas.
Lejos de rendirse, continúa enseñando los fines de semana y brindando tutorías en su casa, el cantón El Mosquito, donde sigue compartiendo su conocimiento con nuevas generaciones.

Wilfrido Ávila no solo ha enseñado números y fórmulas; ha transmitido una lección de vida basada en la resiliencia, la dignidad y el esfuerzo.
"Para mí la discapacidad no es un problema, sino un hecho. No vivo como un discapacitado; por supuesto, he de hacer algunas cosas de una forma distinta, pero no es tan diferente de la vida de alguien sin discapacidad", señala el docente.




