Problemas con el sueño, bajo rendimiento académico y dificultad de concentración, estarían relacionados con el uso prolongado de dispositivos digitales.
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Las redes sociales forman parte del día a día de la mayoría de adolescentes. Se trata de espacios de interacción, entretenimiento y expresión personal; sin embargo, también se han convertido en un foco de preocupación en torno a la salud mental debido a sus efectos en el bienestar emocional que representa.
Un estudio de la Universidad de Utah advierte que, aunque estas plataformas buscan conectar a las personas y ofrecer contenido atractivo, su uso constante puede tener consecuencias negativas.
La investigación señala que los jóvenes que utilizan redes sociales presentan hasta tres veces más probabilidades de desarrollar depresión; un incremento al riesgo de pensamientos suicidas. A esto se suman datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, que indican un aumento preocupante en los índices de suicidio entre jóvenes en las últimas décadas.

Especialistas también se refieren al uso frecuente de redes. La trabajadora social clínica, Jessica Holzbauer, indica que estas plataformas están diseñadas para generar dependencia, es decir, cada interacción activa la liberación de dopamina en el cerebro, que fuerza la necesidad de volver a usarlas. Esto puede desarrollar en muchos adolescentes hábitos compulsivos sin percibirlo como un problema.
Adolescencia y redes sociales
El psicólogo Jorge Colorado Comparini explicó que para analizar el impacto psicológico de las redes sociales en adolescentes es clave partir de definiciones básicas. Por ejemplo, que la adolescencia, abarca aproximadamente de los 10 a los 19 años y según Unicef, es una etapa de transición entre la niñez y la adultez, marcada por cambios físicos, hormonales, cognitivos y de tipo cerebral.
Además, añadió que durante este periodo las personas construyen su identidad, toman decisiones propias y buscan mayor independencia, en medio de procesos internos que influyen directamente en su comportamiento y desarrollo emocional.

En cuanto a las redes sociales, el especialista aclaró que el concepto no se limita al ámbito digital, pues incluye relaciones presenciales como la familia, amistades y entorno cercano. Sin embargo, diferenció estas de las plataformas virtuales, donde "aparenta ser real pero no es", y advirtió que muchas responden a intereses comerciales y algoritmos.
En ese contexto, subrayó la necesidad de fortalecer redes de apoyo reales en la adolescencia. "Los jóvenes al buscar identidad a veces pueden caer muy fácilmente en una manipulación al creer que las redes sociales virtuales son redes sociales de apoyo y no siempre son así", explicó.
Aunque el experto reconoció que "son herramientas que nos pueden ayudar muchísimo, pero también nos pueden lastimar", afirma que el uso consciente es determinante para el bienestar psicológico de los adolescentes.
"Las redes sociales no son malas, son muy benéficas" y deben entenderse como herramientas cuyo impacto depende del uso que se les dé. En ese sentido, señala que pueden aportar al desarrollo de habilidades, acceso a información y el desarrollo del pensamiento crítico.
Factores de riesgo
En relación con los riesgos, Colorado Comparini afirmó que factores como la baja autoestima, la ansiedad o la inseguridad pueden intensificarse con la exposición constante a estándares irreales, comparación social o validación digital y la generación de ansiedad social por la inmediatez.
En ese contexto, mencionó que los adolescentes pueden enfrentar afectaciones emocionales al no alcanzar expectativas idealizadas o al experimentar acoso en línea, lo que puede derivar en cuadros depresivos como reacción a estas condiciones.
A esto se suma la disminución de la capacidad de atención y el deterioro de habilidades sociales, debido a la preferencia por la interacción digital sobre la presencial.
Según advirtió, estas dinámicas pueden influir en la construcción de la personalidad y en la forma en que los jóvenes se relacionan con su entorno, en especial cuando confunden las redes virtuales con verdaderas redes de apoyo.
"Las redes sociales no producen depresión como tal, no producen ansiedad. Es decir, son herramientas que potencian si tú tienes una disposición a deprimirte o a ser más ansioso, o tienes una inseguridad en tu personalidad y entonces tu autoestima es baja y las redes sociales te potencian enormemente esto", explicó.
Efectos en la salud mental
Un estudio realizado por Selina Manzanero Díaz, desde la Universidad Europea, expone que existe una relación directa entre el uso intensivo de redes sociales y trastornos psicológicos. En sus hallazgos señala que diversos autores coinciden en que los adolescentes con depresión o bajo estado de ánimo tienden a pasar más tiempo en redes sociales.
A esta problemática se añaden factores como la baja autoestima, la soledad, ansiedad, problemas de sueño, impulsividad y dificultades en la regulación emocional; más aún en aquellos adolescentes que carecen de vínculos sociales de manera personal.

Según Manzanero, también se identifican riesgos como el ciberacoso, la exposición a contenido ilícito y la presión constante por encajar o recibir aprobación mediante los "me gusta" y comentarios en las redes sociales.
Además, explicó que según los datos recabados, las adolescentes suelen ser más vulnerables a estos efectos al pasar más tiempo en redes sociales y presentan mayores niveles de estrés y emociones negativas. Asimismo, la exposición a contenidos relacionados con violencia, trastornos alimenticios o estándares de belleza incrementa los riesgos para su salud mental.
Por otro lado, el entorno digital también ha facilitado prácticas como la suplantación de identidad, la exposición de datos personales y la presión por encajar en determinados grupos. Esta necesidad de pertenencia puede llevar a los adolescentes a adoptar conductas de riesgo o a desarrollar dependencia emocional de la validación social.
Daño Neurológico
La psicóloga Sucely Guerra señaló que los efectos ya se reflejan en el comportamiento, incluso en menores que asisten al preescolar. "Los chicos que están iniciando en el área preescolar ya no llegan con la misma capacidad de atención que antes".
Guerra también advirtió sobre reacciones más intensas cuando se limita el acceso a dispositivos, comparado con años anteriores, cuando el menor aceptaba la autoridad sin mayor impedimento. "Cuando se les quita el dispositivo, la reacción por lo general es muy violenta y muy agresiva", agregó.

También se refirió a posibles implicaciones a nivel neurológico en menores que mantienen acceso prolongado en dispositivos digitales. "Ya no es solo una cuestión de conducta, es que simplemente el lóbulo prefrontal ya viene con un daño neuronal. Entonces ya los chicos están necesitando de atención neurológica con medicamento para poder tener más atención", explicó.
En ese sentido, comentó que en algunos casos, los menores son diagnosticados con un trastorno por déficit de atención. Sin embargo, es el uso excesivo de dispositivos tecnológicos lo que ha desencadenado en los menores conductas similares.
Guerra también cuestionó el uso excesivo de tecnología como sustituto de otras formas de aprendizaje.
Regulación en otros países
En medio de la creciente problemática psicológica en adolescentes por el uso excesivo de redes sociales a nivel mundial, varios países optaron por impulsar regulaciones para limitar o supervisar el acceso de menores de edad a estas plataformas.
Estas medidas surgen como respuesta al aumento de casos de ansiedad, depresión y conductas de riesgo vinculadas al entorno digital.
Por ejemplo, Australia ha planteado restricciones más estrictas de redes sociales para menores de 16 años. Francia, España y Reino Unido priorizan mecanismos como la verificación de edad, el consentimiento parental y el control de contenidos perjudiciales.

En contraste, en Guatemala, aunque existe preocupación social, aún predominan posturas divididas entre la necesidad de proteger a los menores y los límites que debe tener la intervención del Estado.
El diputado Héctor Aldana, presidente de la Comisión de la Juventud en el Congreso, manifestó que cualquier normativa debe equilibrar la protección de la niñez con derechos fundamentales como la libertad de expresión y el acceso a la información.
"El objetivo debe ser garantizar entornos digitales seguros sin sacrificar derechos fundamentales ni oportunidades de desarrollo para las nuevas generaciones", indicó.
Además, aseguró que considera más factible una regulación gradual que incluya responsabilidad de las plataformas, acompañamiento parental y educación digital, en lugar de medidas restrictivas absolutas. A esto se suman obstáculos como la limitada capacidad tecnológica del Estado, la naturaleza internacional de las plataformas.
Entorno familiar
Colorado Comparini enfatiza que el papel central de la familia y la responsabilidad parental, es muy importante.
"Las redes sociales virtuales necesitan supervisión de las redes sociales presenciales. Los papás tienen que estar pendientes de los adolescentes, de qué es lo que están viendo. Son menores de edad y la responsabilidad sigue recayendo en los padres", indicó.
También resaltó que el acceso a estas plataformas es, en gran medida, una decisión voluntaria y contextual, por lo que cada familia debe establecer sus propios límites.
Además, advirtió sobre señales de alerta que padres y cuidadores deben observar en adolescentes, como el aislamiento prolongado, cambios en la conducta, incluida la agresividad en entornos digitales, y síntomas de ansiedad.
"Si tú ves un aislamiento hay que tomarlo en cuenta", señaló al explicar que estas conductas pueden reflejar problemas más profundos, como depresión, adicción o situaciones de acoso.
En ese sentido, insistió en que muchas de estas señales no son exclusivas del mundo digital, sino una extensión de lo que ocurre en la vida presencial, por lo que la atención oportuna y el acompañamiento cercano siguen siendo fundamentales.

Desde Unicef se señala que el reto no es eliminar las redes sociales, sino aprender a usarlas de forma equilibrada. Expertos en salud mental coinciden en que el problema surge cuando estas plataformas desplazan actividades esenciales como dormir bien, estudiar, hacer ejercicio o convivir fuera del entorno digital.
Especialistas como Lisa Damour, Andrew Greenfield y Pam Tudin-Buchalter destacan la importancia de acompañar a los adolescentes en el uso de la tecnología, establecer límites y fomentar espacios de conexión real.
También subrayaron que los jóvenes no siempre dimensionan los riesgos en línea, un peligro que los hace más vulnerables a desinformación, conflictos digitales o situaciones de acoso.

Unicef señala que el impacto de las redes sociales en la salud mental adolescente no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores que incluyen el tiempo de uso, el tipo de contenido y las condiciones emocionales de cada joven.
En un entorno cada vez más digital, el desafío consiste en encontrar un equilibrio. Más que prohibir, especialistas coinciden en la necesidad de educar, orientar y generar hábitos saludables que permitan a los adolescentes convivir con la tecnología sin que esta afecte su desarrollo integral.




