Un año ha transcurrido desde el busazo en la calzada La Paz, una madrugada que enlutó a varias familias guatemaltecas; sin embargo, los accidentes viales siguen siendo constantes.
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"Intenté salir, pero no podía... tenía varios cuerpos a los lados". Así recuerda José Dávila la madrugada del 10 de febrero de 2025, cuando el bus en el que viajaba cayó a un barranco en la calzada La Paz.
Un año después, la tragedia permanece en la memoria colectiva, en un país que ese mismo año registró las cifras más altas de muertes por accidentes de tránsito.
La madrugada
A las 4:19 de la madrugada de aquel lunes, cuerpos de socorro fueron alertados sobre un accidente que involucraba a varios vehículos y un bus extraurbano en el sector del puente Belice, conexión con la calzada La Paz.
MOMENTO PREVIO DEL SINIESTRO VIAL DE BUS EN GUATEMALA QUE DEJÓ A MÁS DE 50 FALLECIDOS
Cámaras de vigilancia captaron el momento en que el bus que se accidentó en la calzada La Paz, Guatemala, dejando más de 50 personas fallecidas en este lunes 10 de febrero.
El video,… pic.twitter.com/il3sPcG2rp
Los primeros reportes hablaban de cuatro fallecidos, pero conforme avanzaron las labores de rescate, la cifra comenzó a aumentar. Horas después se confirmó la magnitud de la tragedia: más de 50 personas fallecidas y pocos sobrevivientes trasladados al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) y al Hospital General San Juan de Dios. Posteriormente, dos víctimas más murieron en centros asistenciales.
El bus extraurbano, procedente de El Progreso y con destino a La Terminal, transportaba a más de 60 pasajeros cuando, según registros, se pasó un semáforo en rojo, impactó a otros vehículos y cayó a un barranco hasta terminar en un río, obligando al cierre total de la calzada La Paz durante varias horas mientras continuaban las tareas de rescate.

Duelo colectivo
Con el paso de las horas, la escena se transformó en un punto de duelo colectivo. Entre las imágenes más conmovedoras estuvo la localización de una madre junto a su hijo de cinco años, tomados de la mano, mientras cerca de ellos socorristas hallaban uno de los juguetes del menor.
Debido a la magnitud del hecho, fue instalada una morgue provisional en un salón comunal cercano, mientras el país observaba consternado y el Gobierno declaraba luto nacional.

El piloto del bus, Billy Aníbal Foronda Azañón, de 24 años, murió en el lugar. Era padre de dos niños pequeños y su cuerpo fue el último en ser rescatado, atrapado entre la estructura de la unidad. En el listado de víctimas también apareció su hermano, quien era su ayudante.
Sobrevivientes
Pero entre los escombros también quedaron voces que sobrevivieron para contar lo ocurrido. José Carrera, uno de los conductores impactados por el bus, recuerda que se detuvo en el semáforo y avanzó cuando la luz cambió a verde. Después, todo quedó en blanco.
Cada mañana, José se dirigía a trabajar alrededor de las 4:30 am por la ruta de la calzada La Paz. Nunca se imaginó que al momento de que el semáforo se pusiera en verde marcaría un antes y un después en su vida.
"Lo material es lo de menos... gracias a Dios estoy aquí todavía", relató en aquel día sobre una camilla de hospital.

Otro sobreviviente, José Dávila, viajaba dentro del bus. Quedó atrapado entre cuerpos hasta ser rescatado. Salió con heridas leves, pero asegura que las secuelas emocionales permanecen y que aquella madrugada marcó un antes y un después en su vida.
Con la mirada perdida y la voz entrecortada, relató lo que pudo recordar, pues indica que todo pasó demasiado rápido.
"Lo que me recuerdo es que los que todavía estaban conscientes estaban pidiendo auxilio... empezaron a quebrar los vidrios de las camionetas para sacarlos."

Las primeras evaluaciones sobre la dinámica del accidente apuntan a que el piloto habría perdido el control de la unidad mientras circulaba por el sector. El violento descenso terminó de definir la magnitud de la tragedia, pues la unidad quedó completamente destruida en el fondo del barranco.
Hoy no hay sirenas ni gritos en el barranco de la calzada La Paz. Desde lo alto, el puente permanece intacto; abajo, las cruces, flores y fotografías recuerdan a quienes no regresaron a casa.
Hoy no hay sirenas ni gritos en el barranco de la calzada La Paz. Solo silencio. El río sigue su curso, oscuro y contaminado, arrastrando desechos entre la maleza que ha crecido donde hace un año hubo caos.
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El río sigue su curso, oscuro y contaminado, arrastrando desechos entre la maleza que ha crecido donde hace un año hubo caos.
El río sigue su curso, oscuro y contaminado, arrastrando desechos entre la maleza que ha crecido donde hace un año hubo caos.
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Pareciera que el lugar volvió a la rutina, pero todavía siguen rezando la memoria de las más de las 50 vidas apagadas aquella madrugada.
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Dimensión de la tragedia
A un año del busazo, la tragedia también obliga a dirigir la mirada hacia las condiciones estructurales que rodean al transporte extraurbano en Guatemala, donde las cifras de siniestralidad continúan al alza.
De acuerdo con registros de Provial, solo entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2025 se documentaron 80 hechos de tránsito en los que estuvieron involucrados buses extraurbanos a nivel nacional.

Según datos proporcionados por Provial, estos percances dejaron 75 personas fallecidas y al menos 123 trasladadas a centros asistenciales, un riesgo que enfrentan miles de usuarios que dependen diariamente de este servicio.
Además, Provial indicó que las rutas donde más se concentran estos hechos coinciden con los principales corredores logísticos y comerciales del país: la CA-1 Occidente, CA-9 Norte y Sur, así como la CA-2 Occidente.
A estas se suma la CA-1 Oriente, identificada por el Ministerio de Comunicaciones como otro de los tramos con alta incidencia de accidentes.

Se trata de carreteras con características geográficas y estructurales complejas: curvas pronunciadas, pendientes prolongadas, sectores con barrancos y tramos de alta velocidad, a lo que se agregan factores humanos como fatiga de los conductores, sobrecarga de pasajeros y maniobras imprudentes.
Asimismo, detalló que los horarios más críticos, según los registros operativos, se concentran en la madrugada y primeras horas del día, cuando miles de trabajadores se movilizan hacia la capital y centros productivos.
"Del consolidado general, los eventos más recurrentes en buses extraurbanos corresponden principalmente a choques, seguidos de salidas de pista y vuelcos, estos últimos generalmente asociados a pérdida de control, exceso de velocidad y condiciones de la vía" indicó Provial.
Año con más accidentes de tránsito
Según registros del Ministerio Público, Guatemala vivió en 2025 el período más crítico en materia de accidentalidad vial de los últimos años, al registrar más de 13 mil lesiones culposas, superando las cifras de 2022, 2023 y 2024; además de 3 mil 465 homicidios culposos derivados de accidentes de tránsito, consolidando una tendencia al alza.

El secretario de Política Criminal del Ministerio Público, Melvin Portillo, explicó que estas lesiones y los homicidios culposos se producen por negligencia, imprudencia o impericia, especialmente en el transporte colectivo y pesado.

Además, señaló que el mal estado de las carreteras ha sido un factor determinante en el aumento de estos hechos, que en 2025 dejaron más de 4 mil 900 personas lesionadas, además de un número significativo de fallecidos.
Deterioro de la red vial
Desde el CIV, el viceministro Pedro Martínez reconoce que el deterioro de la red vial es una realidad en distintos puntos del país, aunque indicó que hasta el momento no es posible brindar un porcentaje consolidado que mida el nivel general de desgaste.
Explicó, además, que la red se divide en carreteras principales, secundarias y terciarias, siendo las primeras, las que conectan puertos, fronteras y ejes comerciales, las que concentran prioridad de mantenimiento por su impacto en la movilidad nacional e internacional.

"Hay varios puntos, varias carreteras en las que hay que hacer mejoras... y esos son los que tenemos que priorizar", indicó Martínez.
El funcionario también subraya que el análisis del estado físico de las carreteras y la siniestralidad vial responde a competencias distintas dentro del propio Ministerio, lo que dificulta una lectura integral inmediata del problema.
Mientras tanto, asegura que se desarrollan estudios técnicos y jornadas de capacitación orientadas a fortalecer evaluaciones de riesgo y regulación vial.
Operativos
Tras la tragedia del 10 de febrero, la Dirección General de Transportes (DGT) anunció operativos de verificación a buses extraurbanos en coordinación con Provial y autoridades metropolitanas. Sin embargo, fiscalizaciones posteriores en el Congreso han puesto en duda la continuidad y alcance de estos controles.
Durante citaciones legislativas, diputados señalaron que más de 21 mil unidades de transporte colectivo actualmente circularían sin supervisión efectiva, cuestionando la capacidad institucional para fiscalizar licencias, condiciones mecánicas y cumplimiento normativo.
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Las propias autoridades han reconocido limitaciones presupuestarias tanto en la DGT como en Provial, factor que restringe la contratación de inspectores, la cobertura en carretera y la modernización de sistemas de control.
Reguladores de velocidad
En medio de ese escenario volvió al debate una medida postergada durante casi una década: la implementación obligatoria de reguladores de velocidad.
La disposición está vigente desde 2016, cuando se aprobó la Ley para el Fortalecimiento de la Seguridad Vial, pero nunca se aplicó de forma generalizada. Estos dispositivos limitan la velocidad máxima a 80 kilómetros por hora y pueden instalarse como sistemas electrónicos integrados o como reguladores mecánicos en unidades más antiguas.

"Está vigente desde 2016, cuando se publicó la Ley para el Fortalecimiento de la Seguridad Vial, que es el Decreto 45-2016. Entonces, desde la vigencia de esa ley está vigente esa disposición, pero no la han cumplido; nosotros estamos trabajando en hacer cumplir esta ley y sancionar como corresponde" indicó el director de la DGT, Mynor Estuardo González.
Por su parte, Fernando Suriano, viceministro de Transportes, la catalogó como una "ley virgen", pues nunca ha sido aplicada de forma estricta, por lo que el proceso se realizará con criterios técnicos y legales claros.

El plan actual contempla controles graduales, fiscalización tecnológica, intercambio de información con la Superintendencia de Administración Tributaria y mecanismos de alerta visibles para los usuarios cuando una unidad exceda los límites permitidos.
Las sanciones, que comenzarían a aplicarse entre febrero y marzo de 2026, incluyen multas de hasta diez salarios mínimos, suspensión temporal de unidades e incluso inhabilitación para operar en casos de reincidencia.
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El argumento institucional es que el costo de implementar estos sistemas resulta mínimo frente al impacto social de los accidentes, especialmente en un país que cerró 2025 como el año más crítico en materia de siniestralidad vial.
Un país que sigue madrugando
A pesar del riesgo, miles de guatemaltecos continúan abordando buses extraurbanos cada madrugada para llegar a sus trabajos; un año después del busazo del 10 de febrero, y tras otras tragedias como la ocurrida el 26 de diciembre en Nahualá de ese mismo año.

Mientras las autoridades avanzan entre regulaciones, operativos y estudios, la estadística continúa creciendo. Para muchos guatemaltecos, subirse a un bus cada mañana sigue siendo una necesidad y también un acto de fe.




