Cero tolerancia, cero compasión con los niños migrantes

Sin acompañamiento de un adulto o de un abogado, los pequeños migrantes deben comparecer ante un juez. (Imagen: captura de pantalla)

Sin acompañamiento de un adulto o de un abogado, los pequeños migrantes deben comparecer ante un juez. (Imagen: captura de pantalla)

El hijo de Hermelindo Che Choc tiene seis años. El pequeño está en un albergue de Nueva York. Su padre, en Los Ángeles, teme que lo deporten sin el niño. “Cuando le hablé hace unos días, él me preguntó llorando: ¿Ya no me quieres? ¿Por qué ya no me llamas?”. El contacto entre ambos ha sido limitado desde que cruzaron la frontera juntos, en Texas, hace dos meses.

Elsa Ortiz aprovechó la visita de Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, para solicitar por medio de una pancarta, que le devuelvan a su hijo de ocho años a quien no ve desde hace 60 días. “Me engañaron”. Esas fueron sus palabras mientras manifestaba pacíficamente frente al hotel donde la funcionaria se reunía con los cancilleres de México y los países del Triángulo Norte. “Me dijeron que me lo iban a entregar y sigo esperando”.

Nielsen estaba en Guatemala cuando se cumplió el plazo establecido por el juez federal Dana Sabraw, de reunificar a todos los niños menores de cinco años separados en las últimas semanas de sus padres. La administración Trump no pudo cumplir con esa orden y, al anochecer del 10 de julio, sólo 34 de 102 pequeños pudieron reunirse con sus familias.

Los hijos de Che Choc y Ortiz, por ser mayores de cinco años, tendrían que estar el 26 de julio junto con sus progenitores, según lo establecido por el magistrado Sabraw. Sin embargo, se necesita de una mayor coordinación interinstitucional en Estados Unidos para alcanzar esa meta. Son más de dos mil niños en esta situación. De estos, 465 son guatemaltecos.

El Ministerio de Relaciones Exteriores notificó esta semana que habían logrado ya “la reunificación de 11 unidades familiares” de nuestro país y que seguían trabajando con los consulados para que todos estén juntos. Confío en que eso será posible y nos toca vigilar que la promesa se cumpla.

Sin embargo, con el esperado retorno de los niños no se soluciona el problema. Nielsen dejó claro durante su breve estadía en Guatemala que los migrantes que intenten llegar de forma ilegal a Estados Unidos no son bienvenidos. Pidió seguir procedimientos establecidos y no caer en manos de redes criminales que venden falsas esperanzas. Difícil argumentar en contra de lo dicho por la funcionaria, pero nada podrá hacerse si no se atacan frontalmente las razones por la que los guatemaltecos se ven forzados a migrar.

Una experta en el tema me decía: “El enfoque debe cambiar. La migración implica, por definición, búsqueda de mejores oportunidades como un salario más alto, un empleo más satisfactorio o una vida más tranquila. Pero quienes salen de estos países no aspiran a tanto. Buscan salvar su vida. No morirse de hambre. Encontrar un trabajo, no uno más decente. Su estatus, por tanto, debería ser de refugiados”. 

El Triángulo Norte no está en guerra pero la situación en nuestros países arrastra a millones hacia la desesperanza. Son diversos los motivos por los que se ven obligados a abandonar sus lugares de origen. Diversos y hasta crueles.

¿Qué hacer para evitarlo? Darle a la población las condiciones para tener empleo y no sucumbir a la miseria ni vivir con la amenaza eterna de las pandillas en su vecindario. El reto está de nuestro lado, porque la solución no vendrá del sitio que ha acogido a más de dos millones de compatriotas en las últimas décadas. ¿O acaso pronunció Nielsen una sola palabra sobre el TPS que el gobierno de Jimmy Morales solicitó hace dos semanas? No. De eso, ni señas. Ni siquiera por compasión con el oportunismo de haberlo pedido. Ni siquiera.

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11 de julio de 2018, 16:07

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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