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Después del fuego del volcán, el llanto de los niños migrantes

  • Por Beatriz Colmenares
El emotivo reencuentro de una madre migrante guatemalteca, Beata Mejía, con su hijo. (Foto: Tomada video ABC News)

El emotivo reencuentro de una madre migrante guatemalteca, Beata Mejía, con su hijo. (Foto: Tomada video ABC News)

“En río revuelto, ganancia de pescadores”. Así dice el viejo refrán. Y en este país, como siempre, las aguas están convulsas.

A la tragedia del Volcán de Fuego la reemplazó el drama de los niños migrantes separados de sus padres al llegar a Estados Unidos. No nos habíamos secado aún las lágrimas por las personas que lo perdieron todo en la erupción, cuando empezó a brotar el llanto por las familias separadas en la frontera norte.  

Por un lado, están aquellos que cada vez más solos intentan sacar del lodo y la ceniza los restos de sus seres queridos. La cifra de desaparecidos en las comunidades afectadas está congelada en 197 desde hace más de una semana, sin que sepamos por qué. Nos corremos el riesgo de pasar la página, como tantas veces antes, y que ya nadie pregunte ni se preocupe por identificar, con nombre y apellido, a quienes quedaron sepultados dentro de sus casas.

Y por el otro lado, están las 465 familias que no tienen idea de cuándo volverán a reunirse. Hace poco escuchaba el testimonio de una madre, deportada de Laredo, Texas, que ha podido hablar con su hijo de ocho años tres veces en el último mes. A ella (como a otras, según testimonios proporcionados por organizaciones de migrantes) le aseguraron que su niño iba a ser dado en adopción en Estados Unidos.

La canciller Sandra Jovel ha dicho que el proceso de reunificación de los menores a quienes se les aplicó la política “Tolerancia Cero” podría tomar hasta 44 días y, como este hecho está bajo los reflectores en dos países, quisiera creer que no pasaremos la página ni olvidaremos la situación en la que se encuentran.

Nos toca estar vigilantes de que cada historia tenga el mejor de los finales posibles. En algunos casos ya están involucrados bufetes de abogados y organizaciones de migrantes movilizados para proporcionar asistencia legal a las madres. El testimonio de Beata Mariana Mejía, por ejemplo, dio la vuelta al mundo. Y las imágenes de ella cuando pudo abrazar a su hijo, Darwin, de siete años, después de un mes sin verle, se viralizaron gracias a la BBC.

Sin embargo, ningún reencuentro puede ser del todo feliz ni ninguna reconstrucción exitosa, sin abordar las razones estructurales del éxodo masivo de miles de guatemaltecos, obligados a vivir en áreas de alto riesgo.

A Guatemala debemos reinventarla lo antes que podamos. El retumbar de un volcán nos lo recordó hace un mes. El desesperado llanto de madres y niños que no pueden abrazarse, también.

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27 de junio de 2018, 16:06

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