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"El Estado soy yo", versión local

  • Por Beatriz Colmenares
Jimmy Morales ha revelado en el poder, su inclinación autoritaria. (Foto: Wilder López/Soy502)

Jimmy Morales ha revelado en el poder, su inclinación autoritaria. (Foto: Wilder López/Soy502)

Luis XIV era el Rey Sol, el monarca absoluto de Francia. Y aunque no existe certeza histórica de que haya pronunciado la frase “el Estado soy yo”, nadie duda del carácter autocrático del soberano del siglo XVII. Hoy, en pleno siglo XXI, los guatemaltecos lidiamos con nuestra versión particular de quien se cree que está por encima de todo.

Jimmy Morales arenga a una multitud de manifestantes. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)
Jimmy Morales arenga a una multitud de manifestantes. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

¿Es grave que el ministro de Medio Ambiente, Alfonso Alonzo, sea contratista del Estado? ¿Le suena acaso peor que en la cartera a su cargo les dé empleo a las madres de sus hijas, porque “necesitan ganarse la vida”? ¿O rayamos ya en lo absurdo cuando dicho funcionario miente al decir que hizo un sobrevuelo en la Sierra de las Minas antes de irse en helicóptero a votar en la Consulta Popular el 15 de abril?  No importa, es amigo del presidente.

¿Son los actos de la administración pública objeto de una obligatoria rendición de cuentas? No en Cancillería. La titular de esa cartera, Sandra Jovel, se niega a revelar quién pagó el viaje de la nutrida delegación guatemalteca que se desplazó a Israel para asistir al traslado de la embajada a Jerusalén. Tampoco se sabe quién costeó la recepción en el Hotel Rey David, ni el alojamiento y la comida de casi 50 personas, pero como, al igual que Alonzo, el benefactor es un “amigo” (millonario) y se supone que no hace “negocios” con este país, no hay problema.

Los asesores de Cancillería aseguran que en dicho caso no rige la Ley de Probidad, esa que establece que es prohibido recibir “dádivas y regalos". Y aunque Jovel está obligada por la Ley de Acceso a la Información Pública a revelar la identidad del generoso contribuyente, ella explica que “como no se debe ningún favor y no es un trato entre particulares se preservará su anonimato". Porque claro, los intereses particulares están por encima de los de la nación. 

Los amigos, no digamos. Ellos también tienen preeminencia sobre cualquier asunto de Estado. Compadres como los dueños de la empresa Elite S.A., a los que Jimmy Morales ordenó que se les exonerara una deuda de casi 7.5 millones de quetzales con la SAT, son las perlas que hacen "lucir" a este Gobierno. 

Esa compañía de seguridad privada fue intervenida el 18 de abril por simular una prestación de servicios y compras, cuyo fin era, según las autoridades, obtener deducciones fiscales que no le correspondían, pero sus representantes le pidieron ese favor al mandatario y éste, graciosamente, lo concedió. Son cuates.

Además, contamos con un ministro de Gobernación al que, al parecer, hay que rendirle honores cada vez que llega a una entidad pública. Como si se tratase de un Mariscal de Campo en el ejército de Luis XIV: “Es mística y disciplina”, justifica Enrique Degenhart, el titular de una cartera que nunca tuvo tiempo para reunirse con la Comisionada de la Reforma de la Policial, porque no solicitó cita siguiendo los protocolos establecidos. Adela de Torrebiarte seguramente no era de sus afines. El Estado son ellos, no nosotros. Y ellos solo están para los amigos.

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23 de mayo de 2018, 15:05

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