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Inventario de un lunes en Guatemala de la Asunción

  • Por Vic García
Alambre, hormigón y deporte. También la alegría se da en lunes en la Ciudad de Guatemala. (Foto: Vic García)

Alambre, hormigón y deporte. También la alegría se da en lunes en la Ciudad de Guatemala. (Foto: Vic García)

Tarde de febrero, cielo de noviembre, sol de abril. Camino a la orilla de un río de acero donde zozobran a diario cientos de miles de vecinos de la Ciudad del Futuro. 

Ocho motoristas contra la vía, cuatro avanzan impunemente sobre la acera, dos manejan entre carriles mientras revisan el Guasap. Para ellos hay un reglamento de tránsito secreto al que solo tienen acceso los privilegiados que van sobre dos ruedas.

Ríos de acero en la Ciudad del Futuro. (Foto: Vic García)
Ríos de acero en la Ciudad del Futuro. (Foto: Vic García)

Bugambilias fluorescentes, jacarandas madrugadas, el relajo del clima también las tiene confundidas. Aceras pringadas de flores de todos los colores. Vendedores de la eterna primavera. 

Un muchacho camina texteándole a la novia. “Me acaban de dar el iPhone 8!!!”. Un maldito primate sale de un carro blanco por la puerta trasera, le pone una pistola en la cara. “Dame el teléfono y caminá de regreso, culero”. El joven se devuelve por donde venía, arrastrando una ilusión entre los pies. 

Las personas sin hogar abundan en la ciudad. (Foto: Vic García)
Las personas sin hogar abundan en la ciudad. (Foto: Vic García)

Siete charamileros, cinco pegamenteros, veintisiete limosneros. Los desechables más nunca reciclables. Errores del sistema, anomalías del programa. Recuerdo aquello de “la vida es el resultado de la suma de todas las acciones que tomamos”. 

Diecisiete chuminos, nueve gatos de lámina y un centenar de palomas secas. Fauna urbana en peligro de extensión.

Un enorme lago de zinc donde alguna vez hubo un barranco, la gente se sumerge en él sin temor a morir ahogada. Accidente sociológico más que geográfico. Tufo a humanidad estancada.  

El bienestar de una sociedad también se puede medir a través de los animales abandonados. (Foto: Vic García)
El bienestar de una sociedad también se puede medir a través de los animales abandonados. (Foto: Vic García)

Cuarentiocho chicleros, seis achimeros, catorce lustradores, doscientos veinte vendedores. Nanoeconomía de chicle, oferta y demanda de platanina, "Laissez faire" del DVD pirata. El costo de la vida y de la muerte. 

Una mujer en sus veinte se baja de un BM como la chingada. El somatón de la puerta se escucha a cuatro cuadras. El piloto, ya entrado en sus cuarenta, grita estirándose hasta la ventana: “¡Te juro que ahora sí la dejo!”.

Tortillas los Tres Tiempos todo el tiempo, aviso repetido, rótulo omnipresente, denominador común, aplauso que se escucha en cada cuadra, desde la zona más rosa a la más roja.

Las tortillerías: denominador común y peligro de esclavitud solapada. (Foto: Vic García)
Las tortillerías: denominador común y peligro de esclavitud solapada. (Foto: Vic García)

Doce chamuscas, ocho veintiunos y un campeonato de volibol de playa. Un deportista más, un diputado menos. Siete callejones llenos de arrumacos, ocho doñitas asoman la cara por los balcones.

A través del vidrio empañado por el tiempo, una señora da forma al cuerpo aún sin piel de una piñata. Mañana podría ser Homero Simpson, Batman, Mario Bros, Condorito, el Chavo del Ocho, el Presidente de la Nación o cualquier otro personaje de ficción. 

Fábricas de piñatas, a través de vidrios empañados por el tiempo. (Foto: Vic García)
Fábricas de piñatas, a través de vidrios empañados por el tiempo. (Foto: Vic García)

Una picopada de mujeres en la palangana de una patrulla. “Es que nos hace favor de encaminarnos a la casa porque ya a esta hora por aquí es muy peligroso”, me dice una de ellas. Aceptémoslo, andar a pata en Guatebala City quiere huevos.

Otro callejón, el infame, el maldito, el innombrable. “Ahí le molieron la cabeza a Monseñor”, recuerda un jardinero.

Las mujeres caminan más rápido que los hombres. Dientes apretados, puños apretados, ceños apretados. Ya sienten que las violan, que las asaltan, que las matan, que las encostalan.

Conforme cae la noche caminan más ligero, más sigilosas, más cansadas. 

Vestigios de nuestras tragedias en la Plaza de la Constitución. (Foto: Vic García)
Vestigios de nuestras tragedias en la Plaza de la Constitución. (Foto: Vic García)

La Plaza fantasma que nos sale más cara, la de la Constitución ahora habitada por el silencio de cuarenta mil indignados y tomada por un ejército de ratas.

Un café a boca de calle como salido de otro mundo, bien podría estar en una callejuela de París, pero está allí, en el corazón de esta ciudad. Esta jodida y noble ciudad. Me siento y pido un te de manzanilla.

Por hoy, suficiente de este azote para los sentidos, de este valle de caídos.

Guatemala de la Asunción, una selva hostil para las mujeres. (Foto: Vic García)
Guatemala de la Asunción, una selva hostil para las mujeres. (Foto: Vic García)

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12 de febrero de 2018, 05:02

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