Nicolás Arriola se ha consolidado como el máximo referente del salto largo en Guatemala, demostrando que con una mentalidad espartana y una perseverancia inquebrantable es posible superar cualquier obstáculo para llegar a ser un atleta de élite.
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Originario de Retalhuleu, Nicolás Arriola es uno de los atletas más destacados de la historia moderna de Guatemala; además, se ha consolidado como el máximo referente del salto largo en el país.
Arriola nació en 1998 y se refugió en el deporte desde los 8 años, explorando disciplinas como natación, triatlón, tenis y patinaje.

Su chispa como competidor se encendió tras los Juegos Olímpicos de Londres 2012, inspirado por la medalla de plata que obtuvo Erick Barrondo y la velocidad de Usain Bolt.
En 2016, con el apoyo de sus padres, se trasladó a la ciudad de Guatemala para perfeccionar su técnica, lo que eventualmente le permitió abrirse paso hacia entrenamientos de alto rendimiento en el extranjero.

Nicolás fue campeón nacional de salto largo durante cinco años consecutivos, antes de dar el gran salto a la escena internacional.
Su carrera ha estado marcada por la perseverancia; en 2021 se hizo viral al emprender una campaña de ventas de camisas para financiar sus entrenamientos en el centro de alto rendimiento en Chula Vista, California, Estados Unidos, bajo la tutela de Jeremy Fischer, con el fin de alcanzar el sueño olímpico.
Esta iniciativa no solo fue económica, sino ideológica; las prendas portaban el lema: "Mostrar indiferencia como un lujo", una referencia a la mentalidad espartana de concentrarse únicamente en el trabajo duro, ignorando las distracciones externas y las críticas.
Arriola ha clasificado como número uno en Centroamérica, tras romper el récord de un salto de 7.97 metros en la competencia de MVA HP #2.

Su enfoque va más allá de la fuerza física, dado que Nicolás es un fiel creyente de la psicología deportiva y la mentoría; trabaja en aspectos como el control del ego y la gestión del fracaso. Para él, el salto largo no es un "plato de pocos ingredientes", sino una velocidad pura combinada con una coordinación milimétrica para no perder energía al impactar la tabla de despegue.
En su búsqueda por la excelencia, ha adoptado métodos, los cuales no eran tan convencionales en ese entonces, como la exposición al frío extremo. Realiza inmersiones en agua a 3 °C no solo para la inflamación muscular, sino como una terapia mental para generar dopamina natural y fortalecer su voluntad ante la depresión o el agotamiento.

Nicolás también se ha convertido en una voz crítica y propositiva respecto al patrocinio deportivo en Guatemala; aboga para que las empresas nacionales dejen de ver al atleta como una figura de caridad y comiencen a verlo como un activo comercial de valor, cuya imagen de disciplina y transparencia puede potenciar cualquier marca.
Él es la representación de la resiliencia del atleta guatemalteco, quien, ante la falta de recursos y oportunidades, busca soluciones para representar su bandera.




